viernes, 13 de octubre de 2017

ESPERANDO RESPUESTA


Estos días, en España, muchísima gente habla sobre el tema catalán y espera a conocer la respuesta a la carta que el sr. Rajoy le ha enviado al sr. Puigdemont en la que pregunta si, por fin, después de la declaración hecha el pasado día diez en el parlamento catalán, este territorio es una república o no. Porque es que ya le vale, no lo entendieron ni los propios catalanes.
Así pues, ¡qué importante se han hecho de repente esos dos adverbios enfrentados entre ellos en su forma de pensar: sí – no! Casi tanto como los políticos de un lado y los del otro. Pero, en fin, ya veremos cuál es la respuesta. Si fuese afirmativa, se abrirían unos cauces para intentar resolver la cuestión; si fuese negativa, serían otras las respuestas y los cauces, aunque aún nadie apueste por decir cuáles serán o podrían ser con exactitud. Tanto en uno como en otro caso, las heridas continuarán abiertas, llamen como llamen al resultado.
Pero también puede haber una respuesta muy puigdemontiana, emulando las explicaciones dadas en el Parlament, apelando al galleguismo del presidente del gobierno español: ni sí ni no, sino todo lo contrario.
Y hala, otra vez a dar vueltas sobre lo mismo, sobre qué querría decir con respuesta tal: ¿será que sí, pero no; aunque sea no y dejemos para más tarde el sí?, ¿acaso reconoce que no se separan, pero le hacen la cobra al resto de España?, ¿o sí se separan, pero siguen siendo españoles para lo que les interesa?, ¿o se constituyen en una república monárquica con el fin de que España se transforme en una monarquía republicana?, ¿ o bien será que desean pactar otro referéndum, esta vez legal, controlado por la CUP y con el visto bueno del gobierno venezolano?, ¿quizá lo aplazará hasta que Pablo Iglesias sea Presidente de Gobierno en España?, ¿ o que quieren una comisión para llegar a acuerdos con Hernando, Casado y Rivera de un lado, enfrentados a los diestros Trapero, Ana Gabriel y Rufián del otro?
Pero bueno, da igual. Aquí lo que se trata es de hacer notar la banderita, a ver quién la tiene más grande (la banderita, eh). Pronto algún industrial espabilado se dedicará a fabricar esteladas rojigualdas o rojigualdas esteladas. Y con eso todo resuelto. Las manifestaciones serán todas por el estilo en colorido y tonterías dirán más o menos las mismas, según el bando.
Como las que escribo yo, aunque las mías me divierten y me hacen sonreír según se plasman en el papel. No pido más. Allá cada uno, que es muy libre de buscar la manera de arrancar una sonrisa a su cara y eso es gratis y no cabrea.
 
 

lunes, 9 de octubre de 2017

CONFUNDIENDO

     Ayer fue el día elegido por los españoles para distinguirse del movimiento independentista catalán. Manifestación a lo grande en Barcelona, discursos, entrevistas en medios de comunicación, apoyo a organizaciones empresariales que cambian su sede social, etc. Pero…
     No estaría de más fijarnos un poco más allá de lo que nos han querido hacer creer, porque tampoco es cuestión de mantenernos ciegos y sordos ante estos movimientos antagónicos alentados por la irracionalidad de unos políticos que lo fían todo a su ego y que han apostado desde hace años por dejar que las cosas se pudriesen hasta este punto en que el enfrentamiento entre una parte de la sociedad española, entre la que cuento lógicamente a la catalana, se haya consumado. Tal parece que ahora, cuando se echan las manos a la cabeza, tenemos que creernos a pies juntillas que la culpa la tienen los demás.
     Ha habido una manifestación enorme, pero no todos cuantos allí expresaban su sentimiento anti independentista eras catalanes: mucha gente llegó desde fuera de Cataluña y las cifras que se marcaron no alcanzaron ni por asomo las de las manifestaciones secesionistas. O bien muchos catalanes se quedaron en casa o bien hubo otra gran mayoría silenciosa a la que le da igual ocho que ochenta, ser independiente o seguir perteneciendo a España. Por lo tanto, cuidado con el recuento y los datos que unos y otros nos explican.
     Cuando al final de la manifestación llegó el momento de los discursos, me chocó y mucho que uno de quienes se dirigió a la multitud sobre la conveniencia de la unión de todos los españoles fuese un peruano, por mucho Premio Nobel que haya sido. ¿Acaso en España no había nadie más capaz de hablar y exponer las razones que defienden la unidad del territorio frente a los que quieren partirlo? No digo que lo hiciese bien ni mal, pero ¡anda que tener que defender la unidad de España un extranjero, por muy novio de Isabel Preysler que sea!
     Y luego Borrell, que, entre otras cosas, acusaba a los empresarios que han cambiado su sede social de no haberlo dicho antes, como si hubiesen sido ellos culpables de lo que está sucediendo. ¿Pero qué esperaban, él y los demás? Borrel se olvida de que perteneció al PSOE, fue dirigente en el Gobierno y en el Parlamento Europeo. ¿Qué hicieron los políticos entonces y desde entonces para no llegar a este punto? Nada. Pero como buen político, la culpa es siempre de los demás. No toca asumir responsabilidades, porque ellos no han hecho nada. Han pecado, quizá, de ingenuos. Sí, hombre, sí: lo que tú digas con la estelada azul y llenita de estrellas de la UE
     En cuanto a los medios, me llamó la atención un debate en la Sexta entre cuatro destacados periodistas. No olvidemos que el dueño de la cadena, Jaume Roures, es catalán y defensor de la autodeterminación de los pueblos, o sea, de Cataluña. Estos acabaron haciendo un llamamiento, o más bien parecía un reto o amenaza a los españoles no independentistas, diciendo que cuidado con humillar al pueblo catalán. No sé a qué se referían. Pero a mí, de verdad, de ninguna manera me sentí bien cuando he visto a lo largo de los últimos decenios cómo esa Comunidad accedía a todo tipo de dineros públicos estatales a base de apuntalar gobiernos nacionales en minoría, tanto del PSOE como del PP. Mientras Pujol y Cía se hacían de oro a nuestra cuenta, ellos nos aburrían con el monotema de que España nos roba. Y aún hoy lo hacen. Ja, me reiría, si no fuese tan humillante ver y comparar las infraestructuras asturianas y las catalanas, por poner un ejemplo. O sea, que, mientras los dineros sigan colmando sus arcas y las de bancos en paraísos fiscales, todo va bien, pero ay si no continúan llenando sus huchas que, por cierto, y a cuenta de todos los españoles, a lo largo de los últimos años han servido para derrochar millones a manos llenas creando una estructura política fuera de sus fronteras encaminada a esta independencia que ahora piden. Pues fíjense, a mí me parecía humillante que se gastasen esos cuartos en esas cosas, pero nadie entonces y ahora decía ni dice nada. Ahora sí, eso de humillar a Cataluña es algo de lo que ni hablar, eh. Como si alguien hubiese dicho algo, oye. Además, pensarían ellos, suelen lograr un buen número de diputados en las Cortes y pueden ser necesarios para formar gobiernos. Bueno, me imagino que a partir de mañana, si proclaman la independencia, todos, por decencia democrática, abandonarán sus cargos en todos los estamentos del Gobierno Español, tanto en Madrid, como en Bruselas, igual los de un partido que de otro, llámese ERC, PdeCat, PSC, PP Cs,  En Comú Podem, o lo que sea. A fin de cuentas, no pintarían nada.
      Y de otro lado, están las empresas: a los dirigentes y mayoría de periodistas españolistas se les llena la boca con el cambio de ubicación social. ¿Y qué? ¿Qué significa eso? ¿Es que Cataluña va a perderlas? No, el montante económico que eso supone es bajo, a Cataluña apenas le afecta en principio a las recaudaciones fiscales que pudiesen existir. O sea, que lo que hacen los empresarios no es abandonar Cataluña porque puedan no estar de acuerdo con la independencia, es porque así van a seguir teniendo opción a mantener las posibles prebendas que existan a cuenta y dentro de la UE. Otra cosa sería que esas grandes empresas decidiesen en un plazo corto de tiempo abandonar sus fábricas de Cataluña y trasladarlas, junto con sus trabajadores si así lo considerasen, a otros lugares de España. Entonces sí, podríamos hablar de debacle financiera, pero tal como se está haciendo lo que sigue importando es la pela, el euro. Los bancos, empresas del IBEX 35 o no, etc. se aprovechan de España para seguir amasando fortunas, pero no me creo que como protesta a una Cataluña republicana.
     Desde ambos lados, durante las últimas semanas, nos han bombardeado con todo tipo de acciones, de un bando y del otro. No tienen razón ninguno aunque solo sea por su radicalidad, pero ambos defienden sus posiciones como si en el medio no existiese nada ni nadie más. Y resulta que a ambos extremos están las minorías y en el centro la mayoría, pero esta no se mueve, por eso es la que lleva los golpes de ambos lados. Y ahí también estoy yo, con derecho a pataleo. Y nos está bien, por seguir soportando a tanto mezquino extremista.
 
     Sigan ustedes bien, no pierdan la sonrisa ni en momentos así, que hace la situación más llevadera.

lunes, 25 de septiembre de 2017

(IN)DEPENDENCIA, QUE "LA PELA ES LA PELA"


Hace tiempo que no me acerco a este blog. Desde la última vez, otras obligaciones por un lado y de otro el hastío que me producen lagunas de las situaciones por la que atraviesa nuestra sociedad me han llevado a no intentar ni siquiera dar una opinión razonable, mostrar mi parecer, ante semejantes desatinos.

No obstante, hoy, después de haber rumiado durante todo el fin de semana la coyuntura que se vive en Cataluña y el resto de España, no me he podido aguantar.

El estado en que está inmersa esta Comunidad en estos momentos da para un libro, para un buen volumen de tropecientas páginas, sabiendo que como colofón se llegará a la conclusión de que nadie entiende nada si uno se detiene solo un momento a analizar los hechos que nos han llevado a todos, no solo a los catalanes, a esta tesitura: independencia sí o sí, independencia no o no. Dos posturas radicalizadas al amparo, según unos y otros, de la ley, la que a cada cual le conviene. No digo yo que la Constitución española no sea la base por la que se tienen que regir todos los españoles, y hasta ahora a Cataluña así le constaba y bien que se aprovecharon de ella a lo largo de los últimos cuarenta años, pero también es verdad que, después de tanto tiempo, los sucesivos gobiernos que dirigieron este país no han mostrado un interés excesivo, a excepción de las promesas electorales de todos los años incumplidas una vez sí y otra también, en ir cambiando, modificando o desarrollando artículos que iban quedando obsoletos.

En base a ello, ahora el gobierno de la Generalitat se ha empeñado en seguir adelante con una pretensión que viene de lejos, y que sacaban a relucir siempre como un mantra si no se les daba más financiación, y se han lanzado al vacío en busca de una independencia sustentada por una parte de votantes catalanes a los que han echado a reivindicar el sí en la calle, a la espera de que algún alma caritativa les ponga una red ante el posible trompazo que se puedan dar. La culpa es de Rajoy, dicen. Pero desde el otro lado, con todos los medios habilitados puestos a su disposición- tribunales, jueces, fiscales, agentes, etc.-, no están dispuestos a ser los paganinis de tal embrollo y se despachan a gusto contra los que intentan la secesión de un territorio que además, de lograrlo, sería el germen de otros movimientos en otros lugares del Estado español. Por lo tanto, la culpa es de Puigdemont.

Y así, ante las medidas adoptadas por unos, se les contesta con otras que intentan despachar a las primeras de un plumazo; ante detenciones o multas por organizar algo ilegal, se disuelve el  ente investigado y así ya no hay condenas, multas ni responsabilidad; ante manifestaciones pacíficas apabullantes que alteran- les guste o no- la vida de una ciudad o de varias, nadie hace nada, porque cualquier movimiento que pueda encender una chispa de violencia sería mal interpretada por el contrario para tachar al responsable de violento y autoritario; ante las leyes de unos enfrentan las de los otros, con lo cual todos tienen, o dicen tener, la razón; y ante semejante lío, en España, sin obviar Cataluña, no puede eludirse el pensamiento de que esto pueda acabar mal.

No sería raro ver el domingo altercados, si las urnas se colocan y asisten a votar miles de ciudadanos. ¿Con qué decisión los agentes van a retirar, por más orden judicial que exista, una urna a un lugar donde hay varios cientos de personas que pueden intentar que las fuerzas de seguridad les dejen votar? ¿Acaso van a emplear la fuerza para ello? ¿Se van a arriesgar a que se les tache de generar una violencia física que hasta ahora, con mínimas excepciones y,como dicen, sin llegar la sangre al río, no ha existido?

No sé, me quedan muchas cosas en el tintero abierto en mi cabeza sobre esta situación, pero valdrá más dejarlo. A fin de cuentas, no me sirve cargar con las culpas a uno o a otro, ya que, a mi entender, llevan años esperando unos y otros a que las circunstancias fuesen las que son para hacerse ver y demostrar que son unos gallitos. Nunca intentaron, ni unos ni otros, llegar a una postura consensuada sobre el futuro de España, de sus Comunidades, de su inserción real en un Estado que todos sientan de todos. Lo único que negociaron siempre fue alrededor del dinero y es que “la pela es la pela”. A fin de cuentas, esta es la razón principal de todo lo que está sucediendo.

Sigan ustedes bien, tómenselo con calma y no pierdan la sonrisa.

martes, 22 de agosto de 2017

PALABRAS HUECAS


Vaya por delante mi sentimiento de aflicción y condolencia hacia todas las personas que de una u otra manera se han visto afectadas por estos irracionales atentados en Cataluña y por otro lado mi sentimiento de náusea y repulsa más profundo ante tal salvajada.
En este momento, según dicen, las pesquisas y el resultado de la investigación se han cerrado. Los culpables, muertos o encarcelados. Bueno, presuntos, que no se me olvide el adjetivo. Los heridos evolucionando bien, dentro de la máxima gravedad de varios, aunque se siga temiendo por la vida de algunos. Se han identificado todas las víctimas. Todos los políticos se han unido en la condena de la barbarie de unos locos. Condecoraciones para todas las fuerzas de seguridad catalanas; ni la Guardia Civil, ni la Policía Nacional ni Servicios de Inteligencia del Estado ni nada que suene a España tuvieron nada que ver con las investigaciones, por lo visto. Es más, hubo muertos, entre otros, catalanes y españoles, que hay que distinguir, eh, que tampoco se olvide. ¡Hay que ser l…! Porque mira por dónde, si los datos que lei en un diario digital son ciertos, Moussa Oukabir era natural de Ripoll, es decir, este terrorista era, pues catalán, no español.¡Anda, que os den! Sacar a colación en momentos así las futuras aspiraciones políticas catalanas es, al menos, un perfecto desatino y de una mezquindad absoluta.
Estas últimas jornadas y los que vienen, lo habitual: tocan minutos de silencio, manifestaciones, aplausos a las víctimas, muestras de apoyo y de solidaridad, gritos de que no se tiene miedo- no us ten por, no tinc por-, no al terrorismo, no en mi nombre, flores, velas y altares improvisados, etc.
Mucho ruido y pocas nueces. Cuestión de pocos días y luego serán solo aniversarios donde los familiares de los muertos o heridos acudirán, pero la gente de la calle, con pequeñas salvedades, irá poco a poco olvidando a fuerza de tener que continuar con su propia existencia. Hasta que otra atrocidad semejante haga saltar nuevamente a la sociedad en nuestro país o en cualquier otro lugar de Europa. Y digo bien, de Europa. Cuando estas cosas suceden en un país africano o asiático, la noticia es noticia durante un par de minutos un par de días y tal parece que no haya acontecido nada raro, que las brutalidades yihadistas en esas zonas no tienen relevancia. Nadie se extraña, nadie se rasga las vestiduras. Al carajo la solidaridad y las buenas palabras. ¿Qué queréis? Cuestión de hipocresía.
A mí, cuando la gente grita ahora, hoy, por la calle lo de que no us ten por, es decir, que no tienen miedo, a mí me da repelús. Yo sí lo tengo y como yo muchísima gente, por más que se nos intenten contar historias absurdas de “valientes” que salen a la calle una vez que ha pasado el peligro. Porque cuando los ciudadanos vieron a los terroristas, echaron a correr en su gran mayoría, si no todos, huyendo y escondiéndose donde fuera. Como lo haría yo. A ver quién coño se enfrenta a ellos. Y ahora no us ten por…¡Ja!
Dicen que los cementerios están llenos de valientes, por lo menos de muchísimos de ellos. Es decir, los cobardes, los que sobrevivieron, son los que cambiaron el mundo quedándose, aguantando y esperando el momento propicio. A esos valientes del camposanto se les erige un monumento y se acabó. Pero cuando los “valientes” lo son de pacotilla, esos me repatean, porque por lo general son los que buscan algún tipo de reconocimiento que no se merecen. Normalmente, suelen ser los primeros en esconder la cabeza bajo tierra para poder defenderse diciendo que ellos no vieron nada.
No obstante, los cobardes que quedamos ya estamos tardando demasiado en aplicar fórmulas para acabar con estos movimientos terroristas. Bueno, los cobardes no, los que nos representan han de ser quienes deben coger el toro por los cuernos, que, entre otras cosas, para eso han sido elegidos. Pero, en vez de eso, se quedan, nos quedamos, en la palabrería hueca al amparo de pactos, conferencias, acuerdos, reuniones, etc. que saltan por los aires cuando nos enfrentamos a un nuevo atentado.
Mucho me temo que lo que verdaderamente importe en todo este asunto sea la economía más que el concepto radicalizado de religión que determinadas personas entienden como único. Y si no, repasen quiénes son los países que financian las luchas de religión entre los mismos árabes y fíjense en sus relaciones financieras con el mundo occidental. Verán qué sorpresa.
 
A seguir bien, que la vida continúa y siempre es mejor disponer de la sonrisa presta.
 

jueves, 17 de agosto de 2017

LEYENDO


Ya sé que soy un poco o un mucho informal. Hace semanas que no cuelgo ni un solo artículo. Qué le voy a hacer. Si lo hiciese de otra manera, a lo mejor no sería el mismo, yo qué sé. Es seguro que me cae la cara de vergüenza cada vez que me sucede algo así, pero también es verdad que cada día me cuesta más, a pesar de que todos los días me hago propósito de enmienda.

Como he dicho en multitud de ocasiones, me encanta la tarea de no hacer nada y más aún si ese nada se transforma en absolutamente nada. Me abroncan cuando me paso las horas, pocas, que tengo libre sentado en casa sin otra cosa que hacer más que leer. Qué queréis, me encanta hacerlo y perderme en esos mundos que crean personas extraordinarias capaces de fabular e imaginar personajes de ficción o situaciones con personajes reales que me envuelven y no me permiten ni un minuto de asueto porque los vivo desde la misma raíz, desde el origen de la novela, hasta el desenlace como si fuese un personaje más, imperceptible a cualquier sentido de sus protagonistas. Ni el mismo autor puede imaginarse siquiera que yo ando metido en su libro como un espíritu que sobrevuela sus propias palabras. Y así, entre crónicas y leyendas, aventuras, anécdotas y enredos, entre intrigas y confabulaciones narradas de forma pausada o vertiginosa, históricas o ficticias, igual da si el texto me engancha desde el primer momento, me paso las horas sin poder apear un libro de las manos. Y lo peor, que cuando acabo uno ya hay otro esperando a la vuelta de la esquina dispuesto a hacerme perder los sentidos enviciándome nuevamente en sus tramas, sus maquinaciones, en su red tejida maravillosamente con palabras que absorben completamente mi mente.

O sea, que está clarísimo: el tiempo que podría haber dedicado a escribir se me va leyendo. Pero, a pesar del bochorno y desazón que me causa abandonar el blog tantos días, no puedo olvidar que ambos conceptos, escritura y lectura, se complementan simbióticamente, uno no puede existir sin el otro Por eso, cuando leo, no puede dejar de representárseme la persona que, inclinada sobre un folio, una libreta o un documento informático, estuvo durante meses o años desarrollando una idea que se fue a transformar en un  libro en el cual yo soy, sin permiso suyo, uno más de sus héroes o villanos. A veces, le pongo a ese escritor mi cara y se me va el tiempo también volando. ¡Iluso de mí! Mejor me pongo a juntar letras y dejar de soñar, aunque ese libro que está encima de la mesa tiene una pinta que...

 

Sigan disfrutando del verano y sonrían, que los días serán mejores.

jueves, 20 de julio de 2017

DISCULPAS Y CULPAS


Miguel Blesa se ha suicidado y en algunos círculos, los más cercanos a él, tanto desde familiares, de amistad o desde allegados al mundo de la política colaboradores suyos en el pasado, achacan este resultado a la alta presión social que sobrellevaba en los últimos tiempos. O sea, las culpas recaen sobre los demás.
Bueno, pues tal vez. Quién sabe, a lo mejor fue su conciencia, si disponía de ella, que no lo sé. No seré yo quien lo niegue, ni una cosa ni otra. No obstante, quizá sería interesante que nos explicaran, al mismo tiempo que defienden esa postura, a qué fue debida esa presión. No olvidemos las causas judiciales que se mantenían abiertas e incluso la condena sufrida, aunque pendiente del recurso presentado para evitarla. ¿Por qué no les preguntan en los medios a quienes sufrieron las preferentes o se arruinaron con Bankia o Caja Madrid a ver qué opinan?
Ahora el pobre hombre (digo pobre porque parece que para sus gastos debía confiar en la cuantía que el juez le asignara, mientras que antes se permitía hasta gastar cuatro mil euros en un día a cuenta de las tarjetas negras de Bankia sin que le cayese la cara de vergüenza al suelo) se ha ido de este mundo a su gusto, demostrando que había más fachada que personalidad en su comportamiento, no queriendo asumir sus responsabilidades, si de sus actos alguna se derivara, como cualquier otra persona con principios, de los que él presumía, hubiese hecho. Pues bien, parece ser que este señor se ha librado de todo cuanto pudiese resolverse penalmente en los juzgados en su contra, aunque su nombre será imposible que pueda ser olvidado por las mentes de tantos como sufrieron sus decisiones como presidente del banco que lo vio crecer socialmente, aunque falto de ética y moral, vistos los resultados finales.
Ahora bien, su muerte, por la alta presión social que lo estigmatizó durante los últimos años como no se cansarán de repetirnos los que quieren echar la culpa a los demás en vez de afrontar los hechos en los que participó de mala manera, no ha de hacernos olvidar ni las barrabasadas de las preferentes o los embargos de viviendas, los deshaucios ni los gastos negros de esas tarjetas black de las que disfrutó junto a muchos otros compinches. Por estas causas, hay mucha gente, miles de ciudadanos, que ha sufrido tal presión en sus vidas que no han podido vivirla como desearon desde entonces y que aún hoy maldicen su nombre como el de muchos más que se enriquecieron, supuesta y no supuestamente, a cuenta de esos que gritan exasperados por las calles exigiendo lo que es suyo. Como si estos últimos no estuviesen padeciendo una altísima presión por culpa de los que les robaron, habiendo incluso más de uno y de dos que lo pagaron con creces yendo antes que Blesa al cementerio.
Personalmente, siento que haya muerto una persona de este modo, aunque más lo siento en su caso porque de ese modo ha evitado que la justicia, quién sabe, hubiese eliminado los supuestos y se hubiese hecho eco de sus auténticas fechorías. RIP, si hay Algo y se lo permiten en el Más Allá.

A seguir disfrutando del verano cion la sonrisa franca siempre a punto.

martes, 27 de junio de 2017

COMISIONES DE INVESTIGACIÓN


¿Qué nos ha de parecer el hecho de que nuestros políticos, muy listos ellos, hayan aprobado una Comisión de Investigación sobre los dineros ocultos del PP? Pues ayer ya nos hemos enterado de qué va todo. Aparece el primer testigo, nada menos que Bárcenas, el famoso tesorero del PP, el que se hizo fuerte merced al milagro de un sms, y no cuenta nada, se refugia en el silencio, aduciendo que está pendiente de juicios, y aburre a las piedras. Pero los políticos de la oposición sueltan y sueltan preguntas como si esperasen una respuesta del cielo. Le echan la culpa a Rajoy o a quien sea, qué más da. Tienen sus minutos de gloria en los medios y luego despachurran a Bárcenas dando por sentado que sus preguntas han sido contestadas  de forma positiva, aunque él no haya dicho ni mu. Algún que otro rifirrafe sin entrar en la materia que de verdad se está investigando, y se acabó. Y así seguirán durante algunas semanas, poniéndose serias sus señorías al relalizar los interrogatorios y más serios aún los testigos. Cada uno en su papel. Ignorantes todos, o no, del ridículo que hacen.

¡Vaya pérdida de tiempo! Es como si nos quisieran hacer creer que nombrar una Comisión de este tipo implica que todos cuantos sean llamados a declarar han de decir la verdad y toda la verdad. ¡Ilusos! Los españoles ya maduramos hace años, ya no tragamos con demagogias sin sentido. Pero si no la dicen ni en los juicios, como para contarla en el Congreso. Dejadme que me ría. Por lo visto hay ahora mismo otras tres o cuatro Comisiones en el Congreso y el Senado. ¿Para qué? ¿Alguien sabe de qué van las demás, qué asuntos se están estudiando o investigando, je, je?

Si se dedicaran a trabajar en bien de los ciudadanos de este país, en vez de buscar notoriedad en los medios, tal vez nos fuese mejor a todos. Si todos fuesen responsables de sus actos, en vez de difuminar sus errores con cortinas de humo, y se fuesen a casa cuando hubiesen demostrado su ineptitud, acaso entonces dispondrían de cierto crédito.

Nunca creí en estas Comisiones porque nunca llegan a conclusiones que aporten claridad sobre los asuntos que tratan. Se dedican a hablar y hablar, preguntar y preguntar, aseverar y aseverar, para que al final, a pesar de haber oído lo mismo, llegue cada partido político a un resultado que se parece al de los demás tanto como un lirio de los valles al tiburón de Spielberg.

 

Que ustedes sigan disfrutando del verano, ya saben, con la sonrisa a flor de piel.