martes, 13 de noviembre de 2018

MÁS DE LO MISMO


Ciudadanos se desmarcó de la ópera bufa que desde siempre los partidos políticos muestran, confabulados, para elegir a unos jueces, a un Consejo General del Poder Judicial, que presuntamente se plegará cada dos por tres a sus órdenes o recomendaciones. Sí es verdad que Cs nunca ha estado de acuerdo con esta forma de elección, pero mientras las leyes sean las que son, poco podrán hacer. No obstante, es chocante cuanto menos que realcen su postura y se nieguen  a participar de una ley que está en vigor. Si eso es posible, por qué no, a santo de qué, podremos enjuiciar de otra manera a los independentistas catalanes cuando no admiten la constitución y se van por otro lado. Ni unos ni otros admiten determinadas leyes, lo que sucede es que, en tanto en cuanto estén vigentes, han de respetarlas. Otra cosa es que estén en contra de ellas o de su derogación y para eso, ya saben, en el Congreso y dejar de patalear al aire.

Y por otro lado, la connivencia entre PSOE, Podemos y PP para elegir a aquellos jueces que consideran más afines a sus intereses. Incluso eligiendo un Presidente del Consejo, saltándose la norma de que debe ser elegido por los componentes de dicho Consejo y no por los partidos políticos. ¿Y aún quieren convencer a los españoles que hay diferenciación de poderes en España? ¿No tendrán razón ERC, CDR, o PDECat cuando afirman que en España la justicia no se imparte en las salas judiciales? El paso que han dado los partidos de siempre y sus acólitos, esos populistas cuando interesa nombrarlos así, es que las palabras se las lleva el viento y el compango del pote mejor en sus propios platos, aunque con los huesos permitan hacer un caldo para los demás.

¿Quién dijo que en España hay tres poderes independientes? No es por nada, es para reírme del iluso, demagogo o falaz personaje.

Sigan bien, disfruten del martes y trece y no pierdan la sonrisa.

MADRUGADA DE OTOÑO




         -¡Hooolaaa, buenos díaaaas!- Y así fui poco a poco despertándola, entre alguna cosquilla bajo el brazo y una carretada de besos de lobito, suaves, esponjosos y dulces como la miel.
-Ummm, buenos días, Tito.- Y aupó sus brazos, me los echó al cuello, me acercó a su cara y me dio uno, dos, tres besos sonoros, de esos que penetran por los oídos directos al corazón. – ¿Es de noche, Tito?
-Sí, aún sí. Pero espera, que voy a correr el visillo y bajar la persiana para que veas amanecer.

-¿Ya salió el sol?– me preguntó extrañada.- ¡Pero si es de noche! Lorenzo todavía no está. Espera, a ver si está Catalina.- Y se lanzó fuera de la cama, descalza, arrimándose a la ventana.
En el cielo brillaba una luna llena magnífica que reinaba sobre el firmamento, acomplejando a unas estrellas que lo único a lo que podían aspirar era a ser meras acompañantes de tan singular belleza.
-Mira, Tito, allí.
-¿Dónde?
-Allí, junto a Catalina. ¿No lo ves?- Había estirado el brazo y señalaba con el dedo hacia un punto indeterminada del cielo.
-No veo nada, cielo, ¿qué hay allí?- Mis ojos recorrían aquella negrura iluminada por miles y miles de luceros, intentando divisar las luces de un avión o algo similar.
-Papá Noel, Tito. Allí, en aquella estrella, seguro que está esperando por la Luna para desayunar con ella.- Me quedé perplejo, aunque no tardé en reaccionar y seguir la corriente de aquella imaginación desbordante que sabía que la pequeña poseía. Su mundo era el mío y yo lo vi también, en el mismo lugar que ella señalaba.
-¡Claro, ahora lo veo! Y están allí los renos. Fíjate, a la derecha, allí está Rodolfo.
-¡Hala, es verdad! Estarían toda la noche vigilando.
-Claro, mi cielo. ¡Y pobres de los niños que no se hayan comportado bien!- La miré como diciéndole que a ver ella lo que hacía.
-¡Y de las niñas, Tito! Pero yo ayer fui buena, eh.
-Ayer sí, que me lo dijo el pajarín cuando me levanté.
-¿Quién, el gorrión?- Su cara mostró la misma sorpresa de otros días cuando yo le comentaba alguna situación, que achacaba indefectiblemente al soplo de mi vigía particular, que conocía a través de sus padres.
-Sí, ya sabes que me cuenta todo lo que haces.
-¡¡Míralo!! ¡¡Ahí, ahí, en el árbol!!- Y señalaba como una loca para unas ramas de un peral medio seco donde, efectivamente, se posaban varios gorriones anhelantes por el primer rayo de sol.
-Es verdad, el que está en la ramita más alta, ese es mi amigo.
-Sí, y está mirando hacia aquí- dijo mientras lo saludaba con la mano a través del cristal.
Justo en ese momento, por detrás de los montes aún en penumbra, unos pequeños resplandores anaranjados comenzaron a dar muestras del despunte del día.
-Mira, Celia, está amaneciendo. Fíjate por allí, en el cielo, cómo comienzan a verse los primeros rayos de Lorenzo.
-Vaya, Tito, entonces ahora se marcha Catalina. Y a mí que me gusta más Catalina.- Puso pucheros como si estuviera muy enfadada y se dirigió hacia la cama a calzarse las zapatillas rosas de Minnie.
-Es lógico, Celia, Catalina tiene que desayunar y luego acostarse, que lleva toda la noche levantada. Además la están esperando.
-¡Uy, es verdad, Tito, estará súper cansada· Y se dio la vuelta para acercarse nuevamente a la ventana.- Y Papá Noel y los renos… ¡Oooh, ya no se ven!
-Normal, mi palomina, ya se habrán sentado en la cocina de su amiga estrellita, que estarán más calentitos, a esperar por Catalina.
-O ya desayunaron solos y se marcharon al Polo Norte.
-Puede que sí, estos meses tienen muchísimo trabajo con la preparación de juguetes.
-Claro. Pero de noche vuelven, que los veo yo a veces por el Paseo del Río. Y andan observando a través de las ventanas a ver lo qué hacen los niños en casa.
-Ya. ¿Y las niñas como tú, no?
-Ya.
-Bueno, ¿y tú qué, vas a desayunar o piensas llegar tarde al cole?
-No, Tito, que hoy tengo Gimnasia Rítmica.- Y salió arreando hacia su mesa pequeña del salón donde la esperaba el desayuno que previamente le había preparado su abuelo, su Tito.

-Tito, ponme dibujos.- Se apresuró a decirme mientras se ponía los calcetines de andar por casa y luego se sentaba
Así que Tito éste que escribe porque no sabe estarse quieto sin juntar de vez en cuando un montón de palabras, asió el mando de la tele, la encendió y la puso en un canal donde un Troll intentaba alcanzar a Ricitos de Oro. A continuación, con la niña ya tranquila y comiendo su primera galleta, se dirigió hacia la habitación de la pequeña, echó las ropas de la cama hacia atrás y abrió la ventana para ventilar el cuarto. Luego cerró la puerta y volvió al salón para que Celia no se descuidase y desayunase correctamente.
Aún faltaba asearla y vestirla, otorgarle a continuación unos diez o quince minutos de tiempo libre, durante los cuales le haría la cama y cerraría la ventana, e inmediatamente salir hacia al cole.
Los últimos momentos en casa, me dediqué a contemplar a la nieta, que trajinaba totalmente concentrada con varios vestiditos, pañales, botecitos, biberones y otros accesorios propios para el cuidado de sus nenucos, ajena completamente a la tele. No se me borró la sonrisa de la cara, hasta que miré el reloj y vi la hora.
-¡Hala, Celia, cielo, que se nos hace tarde!- exclamé cuando me di cuenta que aquellos momentos habían durado casi veinte minutos.
Con la sonrisa pintada aún en la cara, la vi llamar el ascensor.

         Sigan ustedes bien, y no olviden que un mínimo de una sonrisa diaria es salud.
 
 

miércoles, 7 de noviembre de 2018

NIÑOS YOUTUBERS


Ha vuelto a llover, más bien a jarrear. Lleva desde las dos sin parar y ya son las seis y cuarto de la tarde. Al fijar la vista en la ventana, cuya persiana está medio cerrada, el atardecer se echa encima y poco falta ya para que anochezca, cosa de veinte o treinta minutos hasta que la oscuridad se apodere del  mundo en que vivo.
En la habitación de al lado, sobre la cama matrimonial, mi nieta, de “casi cuatro años”- como me recalca ella cada dos por tres desde hace un par de semanas- se entretiene desde hace quince minutos con la vista clavada en la televisión que, conectada al canal de YouTube, proyecta imágenes de una niña o un  niño, no sé muy bien cuándo ve a una o a uno, de esos repipis a las que sus padres quieren hacer famosos. Hoy, por lo que oigo desde esta habitación al lado, le toca a una de esas crías, ayudada para más inri por sus progenitores, abrir paquetes de Papá Noel. Me levanto del ordenador y me acerco hasta la puerta para ver a mi nieta tumbada sobre los cojines, totalmente abstraída, con los ojos cautivos de las imágenes. En la tele, la pared de una sala bastante grande se halla repleta de paquetes envueltos en papel de regalo con todo tipo de juguetes, muñecas, libros, maletines de distintas profesiones con sus accesorios, y por el suelo muchos de ellos ya abiertos y abandonados en una esquina.
De vez en cuando, un ese me lo pido yo me aturulla y me estrujo las meninges para intentar del modo más comprensible posible justificar más adelante ante mi nieta, porque ahora su mente e imaginación están en otra parte, el hecho de que es imposible que los Magos, sean Reyes o Noeles, puedan cargar con tanto o que si piden mucho a lo mejor no les traen nada, o… yo qué sé, buscar soluciones sencillas a problemas que nos vienen dados por la incongruencia y avaricia de gente que no duda en explotar a sus hijos con este tipo de prácticas.
Porque la verdad es que esos programas lo plantean como si cualquier niño o niña pudiese acceder a todos ellos siguiendo el ejemplo que le dan por ese canal. Así, no es de extrañar que le preguntes a un niño cualquiera y te conteste con una retahíla de peticiones para esa noche de Adviento o para que se lo traigan los Reyes. Ve que todo es muy fácil, debe de ser que sólo hace falta un pedid y se os dará porque de otra manera su precio sería inadmisible para cualquier familia. Pero, claro, esto último el niño aún no lo entiende. Esa niñita, de cinco o seis años, con miles y miles de seguidores en la red, abre y abre paquetes porque alguna casa comercial se los hace llegar gratis para que la propaganda sea más efectiva. Los pequeños, que miran la tele hechizados, como mi nieta, no entienden de eso, sólo ven que es posible tenerlo todo. Y casos habrá en que el desengaño cuando llegan esas fechas puede tornarse en algo peor al darse cuenta que no todo lo pueden tener.
Sí, sé que los padres, responsable y didácticamente, han de explicárselo antes de que la desilusión llegue a término, pero bien podrían esos que mandan y que tanto presumen de defender a la infancia de echar una mano para evitar semejantes dislates.
¿No hay ninguna asociación o fundación o institución u Observatorio que vele por la salud mental de la infancia prohibiendo semejantes desatinos? ¿No hay ninguna Dirección General por algún Ministerio o Consejería que se ocupe de ello? Pues debería.
 
Y mientras, no se desilusionen si a ustedes no se lo dan todo: una sonrisa puede ser el mejor regalo…para un adulto, porque el niño siempre esperará algo más, aunque sólo sea un beso y una caricia, y cuantos más mejor.