lunes, 10 de junio de 2019

RESPONSABLE: XUAN CABRITU


Ha habido una comisión parlamentaria o algo semejante, en esta Comunidad Asturiana a raíz de un apagón acaecido en el otoño de 2018 que afectó en diversos concejos a unos 15 000 vecinos. En las conclusiones, aceptan que todas las acciones necesarias para el mantenimiento de la red eléctrica se habían observado escrupulosamente y que, por lo tanto, la culpa la tuvo el temporal insólito en esas fechas del año, que desembocó en un corte imprevisible de energía eléctrica debido a la caída de árboles, cuyo frondosidad aún permanecía en aquel mes de octubre íntegra; de resultas de la acumulación de nieve sobre ella, se originó que por su excesivo peso, se abatieran tantos y destrozaran a su paso tendidos y torres que provocaron el corte del fluido eléctrico en esas fechas.
En su día, alcaldes, corporaciones municipales y vecinos de los lugares damnificados salieron a la palestra con el fin de protestar ante aquellos hechos que todos consideraban impropios del siglo que corre, aparte de denunciar la engañifa- prometer en campaña electoral, pero no cumplir cuando se gobierna, y así unas elecciones tras otras- sufrida incesantemente ante la falta de accesos como es debido a muchos pueblos con unas carreteras tercermundistas y sin que nadie se preocupe de su estado.
A ellos se les añadió enseguida una cohorte de parlamentarios encantados de sacar provecho de aquellos incidentes y que denunciaron de viva voz lo ocurrido e incluso nombraron a las compañías eléctricas responsables, anunciando a bombo y platillo que se realizaría una investigación para depurar responsabilidades.
Pues bien, como dije al principio, la culpa de todo fue del temporal. O sea, que aquellos que se han visto dañados entonces, ahora solo les queda reclamar a Xuan Cabritu, ese personaje mitológico asturiano, que esos días quizá habría perdido el calendario y habría terminado extraviándose por estos lares. Así que, a tontas y a locas, para no perder la costumbre, soltó tormentas y nevadas a mansalva.
Por lo tanto, a denunciar al juzgado de turno. Lo malo será dar con semejante personaje. A lo mejor en el Parlamento Asturiano… Si crean una nueva Comisión de Investigación, como las eléctricas no son responsables,…  ¿quién sabe?: Xuan Cabritu, culpable.
Y de la reparación de las carreteras que reclamaban los  concejos, ¿qué? Lo mismo que en la comisión actual: nada.

domingo, 2 de junio de 2019

CRÍA FAMA Y CONDUCE A 200


Ayer un hecho luctuoso recorrió el mundo del fútbol: se mataba en un accidente de tráfico el futbolista  José Antonio Reyes.
Desde todos los estamentos deportivos se ha querido hacer llegar el sentimiento de dolor causado por este fallecimiento a una edad tan temprana. Incluso hubo un minuto de silencio en la final de la Champions y los partidos de Segunda División se han aplazado hasta el martes. Las aficiones del Sevilla, del At. De Madrid, del Arsenal, del Extremadura, del… ,todos los equipos por los que pasó resaltan su calidad como jugador y su campechanía y encanto dentro del vestuario.
Sus compañeros deportivos se vuelcan en proclamar sus aptitudes y su carácter afable y alegre. Además, era un ejemplo para todos por su profesionalidad, por si forma de ser, por su cercanía, etc.,etc., etc.
Vale. Todo muy bien. Pero, como seguramente ustedes ya saben por algún que otro artículo, hay algo que a mí no me convence debido al fariseísmo y ocultación con la que casi todos los medios tratan este asunto, obviando a propósito  las causas del accidente.
Me gustaría que hiciesen también referencia a la muerte en ese accidente de los primos que viajaban con él. Nadie sabe nada, solo se comenta de pasada y amén. Por lo visto, murió solamente José Antonio Reyes, y su familia está deshecha; los otros, daños colaterales, como en las guerras cuando se quiere eludir la responsabilidad por decisiones mal tomadas. Ya está. 
Si a esto añadimos que, según leí en un periódico deportivo, el brutal impacto se produjo porque la velocidad se acercaba a los 200 quilómetros por hora, ¡pues vaya! Ya me contarán: ¡un ejemplo, oye!
Si en vez de Reyes, el muerto hubiera sido una persona normal y corriente, ni sabríamos el nombre, pero eso sí, nos machacarían con el exceso de velocidad a todas horas y de las consecuencias que ella acarrea, y que al cabo del año hay no sé cuántos muertos por esta razón, e imágenes aterradoras, anuncios brutales, etc ¡Ah!, pero fue un famoso jugador, un icono de fútbol. Ayer y hoy, al menos, ir a 200 por hora no importa. Solo importa quién fue Reyes. Por unos días, las normas o leyes de la Dirección General de Tráfico no existirán para muchos plumillas.
¿Se imaginan por un instante que el accidente y posterior fallecimiento de las tres personas que viajaban en ese SLR McLaren hubiese ocurrido por causa de una imprudencia de velocidad semejante de otro conductor? ¡Lo que habría que escuchar entonces!
¡Oh, una última cosa!, sin ánimo de ofender ni molestar a nadie: Allá a donde haya ido, si es que se va a alguna parte, y si le dejan un coche, aunque supongo que le habrán retirado el carnet, que no lleve pasajeros y que cierren la autopista para él solo. Por si acaso.
D.E.P.


Rectificación.- (3-6-2019) En el artículo anterior, escrito ayer por la mañana, se han deslizado algunos errores fruto de informaciones leídas u oídas que luego resultaron ser falsas.
1- Los fallecidos han sido José Antonio Reyes y uno de sus primos. El tercer ocupante, aunque muy grave, se halla ingresado
2- La velocidad no se acercaba a los 200 por hora, sino que se conducía a una velocidad superior a los 230 quilómetros por hora.
3- El coche no era un SLR McLaren, sino un Mercedes Brabus 8550 de 380 CV.  

jueves, 30 de mayo de 2019

¡QUÉ CALOR!


Hace calor. A finales de mayo, el verano se adelanta o bien nos ofrece una muestra de lo que nos espera. Las temperaturas, me informa el móvil, alcanzan los veintiocho grados. Pronostican en la información meteorológica, de unas y otras cadenas, que en lo que concierne a esta zona del norte de España, mañana y pasado notaremos en nuestras carnes un aumento que será más pronunciado en  comarcas del interior. Justo ahí, donde yo vivo. Pues no nos queda nada.
¡Pensar que hoy ya me metí en casa, sudoroso y agotado, con todas las ventanas abiertas, confiando en que las corrientes de aire nos proporcionen cierto grado de comodidad y de frescura! Mañana y pasado, entonces, supongo que acabaré en la ducha y no saldré hasta el atardecer, a este paso. ¿Y si viene así la canícula? No sé, me resguardaré en la nevera o me transmutaré en pez y viviré un par de meses en las aguas frescas de los riachuelos.
Aquí, cuando el termómetro alcanza una temperatura superior a los veinticinco, la percepción de ahogo producido por la humedad ambiental que nunca nos abandona causa un efecto multiplicador sobre la sensación de calor. Es imposible. Es un fuego abrasador que causa un sofoco asfixiante.
Y en los programas sobre el clima que emiten radios y televisiones se congratulan y sonríen, mientras te sueltan que ya llegó el verano y durante cuatro o cinco días el tiempo en el norte de la Península será espléndido y comparan tan anchos y panchos las temperaturas abrasadoras del sur con las nuestras, como si quisieran hacernos ver a los oyentes que nosotros estamos en la gloria.
¿Espléndido para quién, me pregunto yo? Quizá para el turismo, para la hostelería o para los que padecen de huesos, a los que les va muy bien con él. Pero, ¿para los viandantes, para los peatones? ¡A los presentadores me gustaría a mí verlos por aquí! ¡Que no, que no, que no es que quiera que llueva todo el año! No es eso, solamente quisiera explicarles esa pequeña diferencia: humedad sí, humedad no.
Claro que tendrían la respuesta justa para ello, y yo sentiría un bochorno enorme, otro más aparte del producido por el calor y la humedad.

martes, 28 de mayo de 2019

¿QUIÉN DIJO QUE EL VOTO ES SECRETO?


26-4-2019
Nada más entrar en la Mesa del Colegio Electoral al que hoy me toca ir a arrojar mis sobres, con sus respectivas papeletas dentro, al interior de una urna transparente bastante pocha y deslucida, fruto seguramente de haber sido usada tantas veces a lo largo de los años, sobada y manoseada y, quién sabe, si alguna que otra caída, como se infería de alguna visible rajadura, bueno, no, de tres urnas todas en estado semejante, ya que son elecciones por triplicado, me encuentro con una mesa larga donde, colocadas muy guapamente, veo que se hallan las papeletas correspondientes al el Parlamento Europeo. Lo chocante, que está dispuesta totalmente a la vista del cualquiera. No se halla cerrada con una cortina, como sucede con las referidas a las elecciones locales y autonómicas, no, qué va. Allí, tan panchas y tan ricamente, para que tú, cuando elijas aquella opción que más te interese, puedas ser observado libremente por los miembros de la Mesa Electoral, por los interventores o por el público en general. De voto secreto, nanay de la China. Al menos en lo que a esta elección respecta.
Ante la contemplación de dicho desaguisado, lo comento al Presidente. Enseguida, este y un interventor salen y, dirigiéndose a mí, mientras señalan las papeletas y su ubicación, me comentan que había sido imposible, por la superficie del local, ponerlas en otro lugar y que, según les había explicado en el Ayuntamiento, no había ningún tipo de medio para interceptar la visión del votante, ya que la mesa era demasiado grande para situarla en una de las cabinas. Por lo tanto, se había decidido mantenerlas en aquel lugar, una vez informada la Junta Electoral y aprobado por ella.
Miré hacia las demás personas sentadas tras la Mesa de Votación y unos agachaban la cabeza, tal vez por falta de interés, y otros, que sí se fijaron en la conversación, asentían dando las aclaraciones por buenas. No detecté en ninguna de ellas el menos atisbo de preocupación por aquel hecho.
Me quedé sorprendido. No podía creer lo que estaban contando.
-¿Y cómo mantengo el secreto de mi voto?- pregunté un tanto descolocado ante la actitud de aquellos representantes de la Administración y de los Partidos Políticos
-Verás, puedes coger de esa mesa varias papeletas distintas y, luego, te metes en la cabina y metes en el sobre la que desees.- Respuesta contundente, claro que sí. O sea, que, para no enseñar el plumero, tendría que ir una a una, entre las más de treinta opciones distintas que hay; después, colarme en la cabina; allí, ir desgranando una a una hasta dar con la que pienso votar; y por fin, ¿qué hago con las restantes?, ¿las vuelvo a colocar en su lugar o las vuelvo a emplazar en cada montoncito, como estaban antes?, ¿o las dejo en el interior de la cabina por alguna esquina?, ¿o simplemente me las guardo en el bolso y las tiro al salir a la primera papelera que encuentre?
-¿Pero esto es legal?- pregunto al Presidente.
Se encoge de hombros y me contesta un tanto avergonzado:
-Es lo que dijeron. No hay otro sitio.
-Oye, ¿y no pudieron acondicionar una sábana, otra cortina, o algo así. ¿Sería tan difícil hacerlo cuando lo instalaron ayer? ¿Y os han dicho en la Junta Electoral que era correcto?- No sabía ya ni cómo decirle las cosas. Me di cuenta que lo único que iba a sacar en limpio, si seguía por ese camino, era meter en problemas, que no le atañían a él y que eran responsabilidad de otros que habían pasado olímpicamente del asunto, y se retrasaría todo con las consecuencias que de ello se derivarían para unas personas que tenían que aguantar allí hasta las tantas de la noche; y bastante tenían con ello como para que yo les fuese a marear con aquella irregularidad.
Elegí la papeleta del partido por el que iba a votar.
-Anda, déjalo estar. ¿Para qué vamos a darle más vueltas?- Y me metí en la cabina, a lo tonto, porque bien podría haber introducido la papeleta allí mismo. Total, qué más daba.
Al marchar, no dejaba de preguntarme en la cantidad de gente que no votaría al Parlamento Europeo en aquella Mesa. A fin de cuentas, muchos votantes, al ver que dentro de la cabina solo había dos clases, no se arriesgarían a pedir la tercera. Y si preguntaban por ella y les decían lo que había, quién sabe si preferirían no hacerlo. La timidez por parte de muchos es algo que no se puede evitar. Y el momento más que embarazoso de elegir una de aquellas papeletas azules a la vista de todos, seguramente les impediría hacerlo. Aunque creo que ahí no habría timidez, sino cierta dignidad. Hacerlo sería perder un derecho fundamental del ciudadano: el secreto al voto. La indignidad es de quienes permiten estos lances y estos sucesos, de quienes, siendo responsables últimos del proceso, no previeron esta cuestión.
Y yo metí la pata al votar. Ahora me doy cuenta. Pero tarde, claro, como tantas veces. De la indignidad de ese voto me di cuenta a toro pasado.
                                                                                        

jueves, 23 de mayo de 2019

EL ESCRIBIDOR Y LA PINTORA


Folios sobre la mesa, sucios
del grafito untuoso del lápiz;
páginas tenebrosas, infectas,
tapizando el parqué del cuarto;
cuartillas virginales, condenadas,
sin duelo, por el pecado de vanidad:
pulpa de celulosa, denigrada
por el sueño de un engreído;
corruptos y estériles, todos,
como las palabras que contienen;
muertos, vacíos,
cadáveres blancos putrefactos
por la ineptitud literaria
de ese soberbio escribidor fracasado.

De repente, en la ventana,
ante sus ojos atribulados,
una mariposa,
que se posa atrevida,
respaldada por su belleza multicolor,
y se enfrenta serena,
conocedora de su brevedad,
al final de su efímera existencia.

lunes, 20 de mayo de 2019

ZAFIEDAD Y GROSERÍA EN CAMPAÑA


Más de un mes con campañas electorales ininterrumpidas. Primero, fueron las elecciones generales, ahora estas otras, parciales: municipales, autonómicas en algunas Comunidades, no todas, y europeas.
Pues bien, a lo largo de todas estas semanas, lo único que hemos oído, visto y leído en los medios de comunicación o en mítines para los propios del partido, puesto que los que no comulgan con esas ideas no asisten, es una serie in crescendo, zafia y grosera, de insultos, descalificaciones, vituperios, inexactitudes, disparates y tergiversaciones, cuando no mofa y calumnias de unos políticos hacia otros. Aparte, son capaces de prometer, con tal de tocar poder, el oro y el moro que, al final, se torna en un darnos gato por liebre, como lo demuestran los programas electorales que nos meten por los sentidos comparándolos con los resultados una vez pasados cuatro años en el gobierno de una administración.
Luego, y esto es lo más repugnante, resulta que a todos se les hincha el buche cuando hablan de que la educación ha de ser uno de los pilares fundamentales en los que se ha de basar la convivencia en nuestro país.
Y yo me pregunto si ellos tendrán unos minutos al día para escucharse en esos actos en los que intervienen. Porque lo dudo. Y si me equivocase y lo hiciesen, entonces tienen más cara que espalda, son unos jetas y unos caraduras, de ahí que calificarlos de hipócritas, comediantes o falsarios no pueda ser entonces considerado nunca un oprobio para ellos, así es como se ganan la vida. Desde que se  meten en ese juego, o aprenden y ya saben que su proceder ha de ser así si quieren medrar y llegar a algún sitio, o pueden quedarse en casa a las primeras de cambio. La verdad, la sinceridad, la cordialidad, la naturalidad, el diálogo, el respeto, la cortesía y la tolerancia, entre otros, no tienen cabida, son conceptos prohibidos entre contrincantes, excepto cuando farisaicamente los entierran.
Y si no, compruébenlo ustedes mismos, que a fin de cuentas somos quienes se lo consentimos.

Un saludo y una sonrisa, que nunca se pierda.


viernes, 17 de mayo de 2019

RESURRECCIÓN


Como si no fuese bastante pedirte
un beso esta mañana de primavera
para que mis entrañas metidas en años
rejuveneciesen nuevamente
y recobrasen el ritmo,
como ayer, como anteayer,
como siempre junto a ti,
yo, egoísta y atrevido, como tantas veces,
aún te pedí, perdido en tus ojos,
una caricia suave y etérea en mis mejillas
que alisase mis vetustas arrugas
labradas por el tiempo inclemente
con sanas alegrías y amarguras olvidadas.
Y aquí estoy de vuelta, al final de la tarde,
anhelando la llegada de otro día,
la resurrección de otra mañana,
para sentir tus labios y tus manos,
para recibir tus besos y tus caricias,
para seguir caminando,
como hasta hoy,
a tu lado.

martes, 7 de mayo de 2019

Y VENGA ELECCIONES...ENGAÑOSAS


Han pasado unas elecciones y nos encaminamos hacia otras.
No nos cansaremos de votar. ¿O sí? Ahora que ya pasó el miedo a Vox, a lo mejor la gente se siente más segura y se queda en casa. Pues que no se equivoque, que los de siempre no pierden comba y se acercan a las urnas por menos que canta un gallo con tal de ganar. El que la sigue la persigue, dicen. Y ellos, Vox y sus amigos de “centro” nunca darán nada por perdido.
Quién sabe si al día siguiente de estos próximos plebiscitos no habrá algunos que se echen las manos a la cabeza.
No obstante, eso es vivir en democracia, hacer caso a los votos de la gente, que eligen a quien consideran que mejor los va a representar. A pesar de que es una ley electoral totalmente injusta, que no busca la representación proporcional que todos los españoles deberíamos tener. Un concepto antiguo e interesado hace cuarenta años, ese de la Ley d’ Hont, que no anima precisamente a que los ciudadanos de hoy se acerquen con su papeleta. Son incapaces de entender por qué su voto no vale lo mismo en un lugar de España que el de otro votante en otro lugar del mismo Estado.
A veces nos lo explican, de modo interesado aquellos a los que beneficia, y también aquellos a los que perjudica pero no hacen nada por cambiarla, pero hay que ser muy corto de entendederas para ignorar ese engaño. Y a pesar de ello, aún así, nos convocan y vamos. Un poco tontos sí somos todos, la verdad.
Bueno, a ver qué sucede el 27 de este mes.
Mientras, no se desesperen, que con una sonrisa todo es más llevadero, no lo olviden.

domingo, 14 de abril de 2019

DE VUELTA A LA REALIDAD


Sentado, a oscuras, contemplando la mar,
esperando que la noche ocultara mis penas,
he visto bailar el agua
cuando la luna, augusta y majestuosa,
reinó en todo su esplendor,
despojándose lenta y voluptuosamente
de las últimas vestiduras blancas que la ocultaban.
Mis ojos se llenaron de paz,
mientras en el anfiteatro celeste
una, dos, mil estrellas, millones,
se aposentaban refulgentes y reverenciadoras
para disfrutar de tan solemne espectáculo.
Un millón de luceros y yo,
solos en la oscuridad,
únicos testigos cómplices
de un momento irrepetible.
Y mis aflicciones se difuminaron,
y desparecieron,
como un papel de fumar entre calada y calada.
Por fin, podía levantarme,
podía regresar a mi vida,
la de siempre,
la cotidiana,
la de un día y otro día,
llena de alegrías y pesares,
de risas y de amor,
de indiferencias y de obviedades,
de afectos y pasión,
pero mía.
El albor, la claridad, la luz
habían ya descubierto
mis secretos más inconfesables,
aquellos que sólo la silente noche,
guardiana fiel de mis secretos,
conseguía desvanecer.
Nuevamente, de vuelta a la vida,
de vuelta a la realidad.


(variante de otra escrita hace un par de años)


lunes, 1 de abril de 2019

DESCUBRIENDO UNA EFEMÉRIDES


Faltaban seis días para que se celebrase el Día del Padre, unos de esos inventos comerciales que arraigaron en la cerebro de casi todos los habitantes de este país desde hace un montón de años. Por más que uno intente ver ese acontecimiento anual, igual que sucede con otras efemérides de cualquier categoría, como un sinsentido, como si el resto de los días del año no fuesen también Días del Padre o el de cualquier otro concepto, es imposible sustraerse a esa atracción que supone para los hijos el hecho de regalarle algo un día concreto a una persona a quien quieren con toda su alma. Y más aún si ese niño o niña lo adora. 
Así que, más por sana curiosidad, si ello es posible, que otra cosa, mientras ella retozaba por encima de la cama con un par de muñecos a los que estaba cambiando de ropa, le pregunté que qué le iba a regalar a su padre el próximo martes. Se lo tuve que repetir dos veces más antes de que me hiciese caso y entendiese mi pregunta, tal era su grado de concentración en aquello que estaba haciendo; no obstante, yo ya me había familiarizado con esos momentos de abstracción de la pequeña, lo mismo para jugar con un muñeco, que para estar mirando un libro o viendo un programa en la tele. Quería pensar que en eso se parecía a este nefasto escribidor, que se enorgullecía por ello aunque maldita la gracia que hacía a los demás tener que andar repitiendo las cosas cuando se interesaban por algo.
 Por fin, levantó la vista hacía mí.
-¿Qué pasó, Tito?
-Que te preguntaba, porque no te enteras, cielín, que si ya tenías el regalo para papá.- le repetí, pues, al cabo de un minuto, cuando fijó su atención en mis palabras.
-Ah, sí, Tito, me va a comprar una muñeca que me gusta mucho, para que juegue con la LOL que me regalaste tú.- me contestó antes de ponerse nuevamente a luchar con una chaquetita azul que le quería vestir a una de las muñecas.
-No, no. ¿Cómo que te va a regalar él? Eres tú quien ha de hacerle  un regalo. Es el Día del Padre, no es tu santo ni tu cumple ni nada.- le expliqué tan campante porque suponía que eso ella, que era lista como el hambre, lo entendería de buenas a primeras. Aunque casi inmediatamente me apercibí, cuando me miró percatándose de mi gesto de expectación ante su posible respuesta, que lo que me iba a contar entonces no era algo que yo pudiese concebir ni en los momentos más surrealistas que hasta entonces me había tocado vivir con ella. Sólo me faltó echar las manos a la cabeza cuando situó la muñeca a un lado, se sentó en posición de loto y clavó sus ojos en los míos dispuesta a darme una conferencia cuyo título yo ni siquiera podría ser capaz de imaginar.
-Vamos a ver, Tito.- tal parecía una catedrática impartiendo un curso avanzado de electrónica espacial a alumnos de infantil.- Es el Día del Padre, sí, pero es el Día de la Hija, claro. Entonces, él me tiene que regalar a mí también.-Y se calló mientras abría un poco los brazos lateralmente, extendía las manos con las palmas hacia arriba y los dedos abiertos y me hacía un gesto con la cara como preguntándome si lo entendía.
Me quedé mirándola sin comprender absolutamente nada, No fui capaz ni de abrir la boca.
-¡Ay, Tito, es que no entiendes nada!- exclamó con gesto de fastidio.
-No, no entiendo nada, es verdad, cielo. ¿Cómo que el Día de la Hija? Ese no se celebra. A ver, o me lo explicas o me vuelvo loco.- le solté la parrafada casi sin respirar de tal manera que dudo mucho que hubiese descifrado mis palabras.
Pero sí que lo hizo, porque no tardó ni dos segundos en volver a la carga.
-A ver, Tito. Si es el Día del Padre es porque yo soy su hija; si no fuese su hija, el no sería el padre y no podría celebrarlo. O sea, que es el Día de la Hija para que papi tenga Día del Padre. ¿Lo entiendes? Y lo mismo con mami.- Entonces agarró su muñeca y la chaqueta y volvió a intentar meter los brazos por la manga.
Mi cara debía de ser todo un poema. Me había dejado sin palabras. Por mi mente lo único que corrían eran vagos conatos de explicaciones posibles para intentar replicar a su argumento, pero no hallé ni uno solo capaz de rebatir la lógica aplastante de mi nieta.
-Y para el Día de la Madre ya le dije a mami lo que quería que me regalara ella, pero es un secreto.- apuntaló ella por si aún me quedaba un resquicio de duda sobre si también festejaría esa fecha como otro Día de la Hija.
-Ya lo voy entendiendo, sí. Es lógico, no celebra el Día del Padre quien no tiene hijos, por lo tanto los padres, si quieren festejar ese día, han de tener descendientes, y en este caso eres tú.
-Claro, Tito. ¡Ay! ¿A qué es fácil, eh?
-Sí, nada más sencillo, vida, tienes razón.
-Y tú también tienes que regalarle algo a mami, que es tu descendiente hija, que por eso tú eres también padre.
-Nada, hecho,  no te preocupes, tendré que pensar en algo.
-Tito, ¿y me vas a llevar contigo a comprarlo cuando lo pienses? Lo tengo secreto, ¿vale?
-Sí, claro, qué remedio.- Me di la vuelta y la dejé jugando con sus muñecas y sus ropitas, mientras me preguntaba cuándo sería el día que no me sorprendiera con alguna de las suyas. Aparte de que, entre tanto Día del Padre, de la Madre y el recién descubierto de la Hija, me quedé sin la respuesta a la pregunta inicial: ¿qué le iba a regalar ella a su padre?.

viernes, 29 de marzo de 2019

DE CORAZONES


Hoy, de puntillas sobre la arena,
dorada como la mies del verano 
y húmeda aún de los besos del mar,
dibujaste un corazón gigante.
-“Es  pa Tito”- dijiste muy seria.
-“Hazme ahora una foto, mami”
Clic, clac.
-“Mándasela, mami.”
Y tu cara ahora pícara me miró
desde la pantalla del móvil.
Te imaginé allí, a la sombra
del cabo de Peñas, junto a la mar,
cantando Soi de Verdiciu
como una sirenita surgida
de lo más profundo del Cantábrico,
dispuesta a alegrar la vida
de un viejo gruñón
que no te había acompañado
más que nada por ser,
porque lo sigue siendo,
un poco holgazán,
un vagoneta gastado,
como me cuentas tú
todas las mañanas,
entre besos suavecitos
y abrazos de oso.
Hoy, de puntillas sobre la arena,
sigues acordándote de mí 
y, mientras mis entrañas acogen
tu corazón en el mío,
una sonrisa aflora a mi cara
viéndote cantar risueña, 
sabiéndote feliz.


domingo, 24 de marzo de 2019

GRADOS DE PARENTESCO


Hace unos días, hablando con ella, con mi nieta, de las relaciones familiares, estuvimos aclarando los conceptos de hijo e hija confrontados a los de hijo político e hija política.
-O sea, Tito, que mami es tu hija, pero papi es tu hijo político.
-Exacto. Muy bien, lo has cogido enseguida, cielo.
-Y papi es hijo de los abuelitos del Freisnu y mami es su hija política.
-Eso es!- exclamé yo todo ufano.
-Yaaaa. Bueno. – asintió como si la comprensión de esos conceptos fuese lo más fácil del mundo.
Y ahí acabó la cosa. Siguió mirando el álbum de cromos de una muñeca que le encantaba y revisando los que tenía repes para llevar alguno al cole al día siguiente y regalárselos a sus amiguitas.
Mientras, yo me repantigué en el sofá junto a mi cama, donde ella desplegaba los cromos, y seguí con mi lectura, una novela sobre un soldado perdido en una isla caribeña en los primeros tiempos de la conquista de América. No había leído ni media docena de páginas, cuando me fijé en que la cría se levantaba con un puñado de aquellas estampas y salía de la habitación. La seguí con el fin de saber qué se le había ocurrido.
-Las voy a guardar en la mochila, Tito. Son las que voy a regalar a mis amigas.- Y corrió a la habitación contigua donde, sobre una silla acolchada, depositaba nada más entrar en casa su mochila y su chaquetón.
Oí el deslizamiento de la cremallera de su mochila correrse y luego cerrarse. Después no tardó un segundo en volver a mi habitación y lanzarse sobre la cama nuevamente.
-Ya están, Tito; ahora, ponme nenucos.- Ya se había sentado, apoyada la espalda en un cojín que a su vez descansaba sobre la almohada, y estaba estirando una manta para taparse de medio cuerpo hacia abajo.
-Ah, no. Primero, recoge el álbum y esos cromos que dejaste sobre el edredón.
-Luego, Tito.
-No, Así no hay dibujos en el tele.
A trancas y barrancas, algo enfurruñada, fue apilando los cromos sueltos hasta que formó un montoncito que posó sobre la mesita; a continuación, agarró el álbum, lo acomodó a su derecha y me miró.
-Ya está, Tito- me dijo fijándose en la situación de ambas cosas, mientras, de reojo, comprobaba que mi gesto denotara que todo estaba correcto.
-Vale. Ahora sí que te pongo los dibujos en la tele. ¿O prefieres una peli?
-No, no, de nenucos.
-Bueno, pues de nenucos.- había encendido el televisor y en el canal de YouTube busqué los dichosos nenucos.- Pero sólo un poco, eh. Te voy a preparar la merienda y, en cuanto acabes, nos vamos.
-Que sí, Tito, pero ponlos, anda.
Aguanté otros diez minutos leyendo antes de dirigirme a la cocina a por su merienda: hoy tocaba sándwich de Nocilla y zumo de naranja. Lo dispuse en una bandeja con un par de servilletas y se lo llevé. La tengo mal acostumbrada. Allí mismo, sobre la cama, cruzó las piernas y sobre ellas le instalé la bandeja. ¡Gracias que no me ve mi hija, porque si no…!
Al cabo de un cuarto de hora, no quedaba ni una miga de pan ni una gota de zumo. La vestí y después salimos a la calle. Había quedado con mi mujer, quien sería la que la conduciría a su casa ya que los padres debían de estar al llegar.
Cuando se presentaron ante la puerta, oyeron dentro un ruido: la rumba, esa aspiradora automática que se cuela por todos los rincones, estaba funcionando. Por lo visto, el padre estaba en casa, aunque no hacía mucho tiempo de ello puesto que su anorak descansaba aún sobre el respaldo de una silla de la cocina y su cartera, donde guarda el ordenador portátil y la documentación pertinente a su trabajo, reposaba sobre el mueble que cubría el radiador a la derecha de la puerta del salón.
Enseguida, la niña lanzó su mochila a la esquina donde la depositaba a diario, se quitó el abrigo, que fue a dar al sofá, y los playeros aterrizaron de cualquier manera sobre la alfombrilla que se hallaba dispuesta en una esquina, a la vera de sus zapatillas, que no se calzó porque casi siempre anda sin ellas por casa, sólo con los calcetines. Se dirigió corriendo hacia él a abrazarlo y darle un beso.
-¿Jugamos, papá?- preguntó sin casi no darle tiempo ni a llevar las cosas a su despacho.
-Espera, Celia. Voy a dejar esto y vengo. Pero, antes, ese abrigo tuyo a su sitio y los playeros bien colocados.
-No te preocupes, estoy yo un rato más con ella. Tú haz lo que tengas que preparar para mañana.- se ofreció la abuela, que ya se estaba quitando el abrigo y los zapatos.
Una vez que la niña hizo lo que había mandado su padre, allí estuvieron las dos enredando con las muñecas un pedazo hasta que él terminó sus quehaceres, los cuales realizaba a diario telemáticamente enviando sus datos a la empresa, y dejó todo listo para el día siguiente.
-Bueno, yo me voy, que tengo que ir a ver a Luis, quedé con él…- la abuela miró el reloj- …dentro de un cuarto de hora. No sé si llegaré. Tengo que llamarlo para que me espere; si ve que no llego a la hora, igual cree que me fui andando para casa.- La abuela ya se había calzado y puesto su abrigo-¡Hala, Celia, anda, dame un beso, cielo!- y se agachó para esperar el choque inevitable de la niña que se había levantado del suelo como un volador y corría hacia sus brazos.
-¿Por qué no te quedes otro poco, mamá Nini?- como llamaba ella a su abuela.- Para acabar de dar la cena a Calisina- su muñeca preferida a la que quería embutir el biberón aunque apenas disponía de abertura suficiente en la boca para ello.
No, mi vida, que tengo prisa- Y la cubrió de besos por la cara y la frente- Ahora vas a jugar con papi.
-Bueno, pero tú también puedes jugar con nosotros. Es tu hijo “automático”.
-¿Quééé?-se quedó patidifuso Jose. Debieron de poner tal cara de estupefacción tanto la abuela como el padre, que la  niña se quedó observando a ambos alternativamente ante aquel gesto tan incomprensible en aquel momento, como si les hubiese dicho que la Luna era un queso que se comían los ratones del cielo poco a poco hasta que lo acababan y entonces tenían que ir al mercado a comprar otro entero, como sucedía en el cuento que un día le había relatado su abuelo.
-Papi, que es tu hijo “automático”, que me lo dijo Tito Luis en la merienda.- le explicó ella muy seria a su abuela.- Como mami, que es la hija “automática” de los abuelitos del Freisnu.
No fueron capaces ninguno de los dos adultos de evitar la aparición de una sonrisa seguida de una carcajada del padre.
-¡Hijo político, mi cielo, po-lí-ti-co!- acertó a decir la abuela entre sonrisas.
-Bueno, eso, político, qué más da.- concedió a medias la cría, aunque sin olvidar el origen de la explicación. ¿Por qué no te quedas Mamá Nini?
Ya lo sabes, vidina, no puedo, voy a buscar a Tito Luis. ¡Hala, dame un besín, anda!
La niña se le acercó un tanto ofuscada, aunque cuando le pegó su carita a la mejilla le dio un sonoro beso y después corrió hacía su padre.
-¡Venga, papi, vamos a jugar!
La abuela abrió la puerta y, antes de cerrarla a su espalda, se despidió de ellos con una sonrisa aún en su rostro.
-Hasta mañana, Celia. Y que lo pases bien, hijo “automático”, hasta mañana.

lunes, 18 de marzo de 2019

SUBTERFUGIOS LEGALES


Me ha tocado algún día de estos pasados encender la tele durante el día por ver lo que ponían en uno u otro canal y me he topado en más de una ocasión con el famoso juicio del proceso catalanista que se juzga en Madrid.
En una ocasión, vi como entraba a declarar uno de los testigos, el cual le explicaba al juez que estaba siendo juzgado en otro tribunal de Barcelona y por lo tanto, acogiéndose a su derecho a no declarar, no contestaría a ninguna pregunta de fiscalía, ni abogacía del estado ni acusación particular ni a los representantes de la defensa  con el fin de no interferir en su propia defensa en la causa que se hallaba abierta contra él. O sea, que, recogía su carné  y se iba tan campante. Ahí os quedáis, pensaría él, que de mi boca no saldrá ni una letra a favor ni en contra de nadie; además no vaya a pillarme yo los dedos por soltar más de lo debido. Aunque supongo que lo que podría haber testificado no les habría hecho ninguna gracia, es un suponer, un hablar por no callar, a los acusados.
A fin de cuentas, y según me enteré, los testigos están obligados a contestar siempre la verdad sin subterfugios de ninguna clase bajo pena de ser acusados de falso testimonio. Y en cambio, los acusados pueden responder lo que les venga en gana con tal de defenderse de las acusaciones, o sea, que si les preguntaren si habían pisado la Luna, podrían contestar que sí, y a mí plin.
Y claro, hay cosas que me resultaron al menos chocantes. ¿Cómo se puede dar luz a la verdad si quienes podrían alumbrarla no testifican? ¿Cómo es posible que nuestro sistema legislativo mantenga este orden de cosas? Si se está inmerso en una causa como responsable de un delito, no se puede testificar en otra que colateralmente esté siendo juzgada en otro tribunal. A ver, si ambas causas entran en el mismo fondo de la cuestión que se ha de discernir en un tribunal, ¿a santo de qué se juzgan por separado?, ¿acaso para que la culpabilidad o la inocencia de unos se oculte mientras se niegan los derechos a conocer la verdad al resto de ciudadanos? ¿Por qué, pues, no se juzgan a todos a la vez en el mismo tribunal y nos evitaríamos esta especie de maturrangas?
No lo entiendo, y perdonen que sea tan abstruso, pero ¿no ha de estar la verdad por encima de cualquier otra cosa cuando se enjuicia cualquier acto delictivo? Algo hay que no funciona cuando la culpabilidad o inocencia de alguien se vale de triquiñuelas por más legales que sean.

sábado, 9 de marzo de 2019

8 DE MARZO: ALGUNAS SINGULARIDADES


Ya  llegamos al 9 de marzo, dejamos atrás el Día Internacional de la Mujer que institucionalizó la ONU en 1977. Infinidad de manifestaciones y concentraciones en apoyo del género femenino, el cual ha de disfrutar de, a mismas obligaciones, los mismos derechos que los hombres. Aparte de ello, peticiones de amparo ante las diferentes y criminales acciones de violencia de género que padecen un día sí y otro también. Solicitud de leyes que protejan, en esta sociedad, a la mujer ante las infinitas muestras de indefensión que corren como consecuencia, entre otras muchas más, determinadas actitudes patriarcales unas y otras de fácil interpretación empresarial que debían ya hace años estar erradicadas. Es decir, se han echado a la calle con todas las razones del mundo para protestar ante situaciones asentadas en un mundo donde han sido y son tratadas como seres humanos inferiores al hombre. Y nada mejor para hacerse ver que este tipo de actos donde se exige un respeto que se merecen en todos los ámbitos de la vida.
No obstante, me choca que no hayan pedido hasta ahora que este día sea festivo a nivel estatal. Y es que en algunos países ya lo es, aunque su nombre no nos suene precisamente a lugares donde se defiendan los derechos de la mujer como es debido: Afganistán,  Zambia, Azerbaiyán,  Mongolia, Eritrea, etc. Pero bien podría ser España un ejemplo para el mundo occidental a la hora de elegir este día como recordatorio del significado de la mujer en nuestra sociedad.
También me chocó, y mucho, que este día se haya convertido en una jornada de huelga. ¿Por qué? Porque resulta que muchos  trabajadores que la secundaron lo que hicieron fue perder unos emolumentos que tal vez les sean necesarios para llegar a fin de mes, una vez vistos los sueldos de mie… que cobran en algunos casos estas mujeres y hombres. Por eso me pregunto por qué no se solicita que sea un día festivo y evitamos estas pérdidas de unos salarios que ya son un mucho injustos.
Más cosas chocantes: por lo que me han informado, esta huelga se plantea en la empresa privada con un paro de equis horas. Si resulta que precisamente es en las empresas privadas donde mayor diferencia salarial existe entre la mujer y el hombre, realizando el mismo trabajo, ¿cómo es posible que se pidan sólo equis horas en vez de la jornada completa? En cambio, sí hemos visto a alumnos de secundaria en huelga, de bachiller, de ciclos formativos, a universitarios supongo que apoyando a la petición de esos derechos para la mujer. Pero sin nada que perder, a excepción del tiempo de clase, en cuyos centros doy por supuesto que no habrán adelantado materia de ninguna asignatura. O sea, que un día de asueto para miles de estudiantes, sobre todo los más pequeños, para los menores de edad que así son tratados por nuestras leyes, pero a los que se les da rango de adultez en casos de estos. Y lo mismo en el caso de funcionarios, donde no creo que haya diferencia en base a que su puesto de trabajo es a partir de unas oposiciones y con unos derechos y deberes iguales para todos, aunque sí me imagino que su sentido de la responsabilidad y solidaridad los haya hecho salir a la calle en defensa de sus conciudadanas, lo cual les honra. O de forma semejante nuestros mayores, pensionistas y jubilados que salieron a la calle a apoyar los cambios que saben son imprescindibles e inexcusables para alcanzar una sociedad más justa que la que a ellos, creo, les ha tocado vivir.
Y ya, el punto máximo de la singularidad de estas manifestaciones, y que a mí me pareció esperpéntico, llegó cuando vimos en los medios de comunicación a determinados miembros del gobierno, congresistas, senadores, parlamentarios autonómicos, sindicalistas y demás cargos electos poniéndose al frente de las protestas callejeras, o defendiendo el papel de la mujer desde otros puntos de vista alejados de los demás no asistiendo a ellas, es decir, protestando contra ellos mismos por las condiciones que aún hoy sufren estas ciudadanas del estado en que vivimos. Las Asociaciones de Mujeres, que deberían tildarse de independientes en el caso que nos ocupa, digo yo, de cualquier partido político, que hayan participado se habrán echado las manos a la cabeza. Es decir, hay protestas porque no hay leyes que hagan posible que sus peticiones lleguen a buen puerto y no se les ocurre otra cosa que admitir en las marchas a quienes precisamente son los responsables de elaborar esas leyes. No lo entiendo, políticos electos de nuestra sociedad haciendo una huelga contra sí mismos. Y se quedan tan campantes, ellos y quienes la convocaron. ¿O son los mismos y lo hacen para disimular su incompetencia?
¿Acaso desde los Ministerios y Consejerías de Trabajo o de Hacienda, por ejemplo, no se pueden implementar servicios abocados a investigar, por ejemplo, la diferencia salarial entre trabajadores: a mismo puesto o categoría y mismo horario laboral, mismo salario? ¿Acaso no se puede legislar para evitar que las brechas sociales entre hombres y mujeres no se produzcan? ¿No será posible que se legislen medidas mejores que prevengan la violencia de género? ¿Acaso lo que pretenden, lo único que se les ocurre, es que la gente, a sabiendas de que una denuncia propia y personal les puede acarrear un despido o quedar sin trabajo al final de un pequeño contrato temporal, aparezca por los mostradores de de la Administración a contárselo? Mira tú si no habrá ideas y propuestas que se puedan llevar a cabo para que la  igualdad y la justicia entre hombre y mujer sea una realidad y no una quimera esquiva que sólo se asoma a la mente de nuestros gobernantes cada 8 de Marzo. 
Señores políticos, hagan ustedes su trabajo para que las manifestaciones del Día Internacional de la Mujer se conviertan en un motivo de orgullo para nuestra sociedad, en vez de asistir a ellas a gritar y pedir lo que justo ustedes deberían haber solucionado, que para eso están.