sábado, 15 de diciembre de 2018

¡¡GASTADO!!


        Cuando llegué a su casa, me recibió a la puerta, me agarró de la mano sin darme ni siquiera un beso o un buenos días y, corriendo, me llevó casi a rastras detrás de ella hasta la cocina. Estaba nerviosa. Había empezado el último mes del año y éste era especial para ella
-¡Diciembre, Tito, ya estamos en diciembre!- La niña, excitada por el acontecimiento, se dirigió hacia la puerta de la nevera donde, por medio de un imán, colgaba un calendario pequeño.
-Fue lo primero que hizo cuando se levantó: venir a las carreras y arrancar la hoja del mes de noviembre- me habló su padre desde el salón donde ordenaba cuidadosamente en una estantería unos muñecos de la cría que ella había colocado un poco al tuntún la noche anterior.
-Sí, Tito, mañana vienen Nino y Tata para adornar la casa- me contó ella entre risas.
Luego, señaló con el dedo índice izquierdo hacia la palabra diciembre y fue silabeándola como si estuviese saboreando un bombón de chocolate: di- ci- em- bre, tal cual, así, mal. El dedo se deslizaba con una inusitada rapidez por las letras; ella aún no sabía leer y solo conocía las letras, su nombre. O sea que di-ci-em- bre. Tal vez le sonaba más rotundo pronunciado de esa manera. Cuando la corregí, di-ciem-bre, ella me miró de refilón y…ni caso, vaya.
Las Navidades son fechas de alegría y satisfacción para ella, está casi todo el resto del año anhelando su llegada. A fin de cuentas, el veinticinco es su cumpleaños y, además, viene Papá Noel, como no se cansa de recordarnos y repetirnos en cualquier momento.
-Veinticinco de diciembre, fun, fun fun- cantaba ahora mientras indicaba la fecha con el dedo en el calendario.
-¿Pero qué pasa ese día, Celia?- pregunté haciéndome el ignorante.- ¡Ah, sí, que es Navidad! Qué despiste tengo, cielo.
-¡Que no, Tito!- me miró con los ojos abiertos como platos.- ¡Que…
-¿Ah, no?- la corté.-Pues siempre creí que era ese día. Será que este año lo cambiaron.
-¡Uffff! ¡¡¡Que es mi cumple, Tito!!!- me chilló para que no hubiese duda de que yo lo oía y me daba por enterado de una vez por todas.- ¡Ay!, siempre andas un poco loco, eh- y colocó su dedo índice derecho en la sien realizando el gesto de atornillar algún tornillo flojo.
-¡Loco! ¿Quién, yo?- le respondí como si estuviese intrigado y al mismo tiempo molesto con ella.
-Bueno, loco, no- me soltó clavando sus ojos en mí, tal vez creyendo que me había molestado.- Pero estás viejo y te olvidas de las cosas- razonó muy seria.
-¿Así que estoy viejo, eh?- me mostré ofendido y puse cara de enfadado, como si aquellas palabras me doliesen un montón.
-Bueno, viejo, viejo…no- Y se quedó pensativa un par de segundos antes de soltarme: ¡¡Gastado, estás gastado, Tito!!- y salió corriendo con una sonrisa enorme en su cara hacia su padre, que la aupó a su cuello y me miraba intentando contener la risa.
Y yo no me pude contener tampoco al verla a ella voltear la cabeza sonriendo, mientras sus labios formaban nuevamente aquel adjetivo: ¡¡Gastado, Tito, gastado!!

Sigan disfrutando del último mes del año. Seguro que estos días aflorarán sonrisas más fácilmente, no  se corten y háganlo con todas sus fuerzas.


jueves, 13 de diciembre de 2018

CATARRO: ¡QUÉ MAL LO PASO!


Aquel día no había dormido bien. A las dos de la madrugada llamó a su madre porque le dolía un oído, el derecho. Cuando llegué este amanecer a su casa, me avisaron de que no iría a clase, que, si veía que empeoraba, seguramente la tendría que llevar al pediatra.
Llevaba toda la semana con una mucosidad grande; a cada momento, durante los dos últimos días, un “Tengo mocos, Tito”, le surgía mientras me miraba sabiendo perfectamente que mi reacción no tardaría ni dos segundos antes de que estuviese a su lado con un pañuelo de papel o de tela para sonarla. Pero ayer, a lo largo de la tarde, la mucosidad más líquida y fácil de expulsar fue escasa, mientras que las flemas que también arrancaba de vez en cuando se hicieron algo más oscuras. La densidad de los mocos le criaba costras en la nariz y le era más difícil su extracción.
Ahora, a las siete y cuarto de la mañana, casi diez minutos después de que sus padres se hubiesen marchado al trabajo, despertó medio llorando y llamándome. “Tito, Tito, tengo mocos, pero no salen, están duros”. Rápidamente, me asomé a la puerta de su cuarto en el que ya resplandecía la luz que ella había encendido, puesto que una de las llaves ese encontraba a la derecha de la cama, al alcance de sus brazos. Ella se recostaba en medio de la cama, con su Bubú, su muñeco de felpa, entre la mejilla izquierda y el cuello. Me acerqué con mi pañuelo de tela, aún sin usar, para sonarla. Apenas nada. En las ventanas de la nariz alguna pequeña costra endurecida durante la noche que le arranqué cuidadosamente con el pañuelo. “Vamos al baño, anda, mi palomina, que te echo un poco de agua en la cara y se reblandecerán los mocos.”
Ella, obediente, se levantó y se me abrazó a las piernas, antes de dirigirse al baño que habitualmente usaba, justo enfrente de su habitación. Pasó por delante de mí, encendió la luz del aseo y abrió el grifo de agua fría. Se echó, con sus manitas, agua por la cara, sobre todo por la zona de la nariz, y se secó inmediatamente. Una tosida le obligó a arrancar una flema grisácea, compacta y grande que se apresuró a arrojar escupiéndola al váter y tirando de la cadena inmediatamente después. “Ag, Tito”. Se encaminó a continuación hacía el salón y se tendió sobre el sofá tapándose con una mantita que descansaba con ese fin usualmente en una de las esquinas del mueble.
Tenía los ojos brillantes, la nariz congestionada y el resto de su cara, siempre alegre y con ganas de retozar y de que le hiciese cosquillas al despertar, no mostraba nada más que una seriedad y una tristeza profundas. Sus ojitos, brillantes como luciérnagas nocturnas, y su frente, más caliente de lo normal, permitían atisbar una temperatura anómala. No tenía ganas de juegos, ni de bromas. Le puse dibujos animados, pero lo único que me contestó fue que le llevase a Bubú, que lo había olvidado en su cama.
Se lo llevé, pero, al verla así, saqué de uno de los cajones de la cómoda el termómetro y, levantándola un poco para que reposase su cabeza entre mi brazo izquierdo y mi pecho, se lo puse en la axila derecha. Enseguida pitó: 37,8º C, cuando ella no solía pasar de treinta y seis y medio. No me extrañaba, pues, su comportamiento inhabitual e ilógico y que atribuí inmediatamente a ese ascenso de la fiebre.
Fui a la nevera y cogí el frasco con solución oral de ibuprofeno apto para niños. Reposaba en un estante, frío, desde hacía algo más de un mes, un día que la habíamos llevado al médico por lo mismo de hoy. En un pequeño vasito que contenía la caja del medicamento, eché la medida correspondiente a su edad, dos mililitros y medio, y se lo di a la niña. Sabía bien, le gustaba, y no puso ningún reparo para apurarlo hasta que no quedó ni gota, incluso con la lengua lamió la superficie interna del vaso para no dejar nada. Luego hice lo mismo con un jarabe, de cuyo nombre me olvidé, y que hacía compañía al ibuprofeno en el frigorífico. Cada ocho horas, había escrito mi hija en la pegatina exterior del frasco. Para que yo no me olvidara, claro.
Una vez tomados ambos, se acurrucó contra mí un minuto y enseguida volvió a recostarse abrazada a Bubú, con la cabeza apoyada en un pequeño cojín grisáceo con rayas blancas y el cuerpo cubierto por la manta marrón y blanca, centrando su atención en la pantalla del televisor donde Bob Esponja se peleaba con Calamardo en la cocina del peculiar restaurante submarino, intentando ambos preparar una hamburguesa de no sé qué, algo de cangrejo, aunque no atendí bien a ello.
Encendí la lámpara de pie, tras el canapé, y apagué la del techo. A continuación, me aposenté a su lado, a sus pies, y le acaricié la cabecita, inclinándome hacía ella y cubriéndola de besitos de lobitos. Los de lobitos eran suaves y dulces, casi sin ruido, mientras que los de lobo feroz eran más sonoros y fuertes y le gustaban menos que los primeros. Cuando me quise dar cuenta, había cerrado sus ojos y se había quedado dormida, profundamente, incluso con pequeños ronquidos que despertaron en mi cara una sonrisa, la primera de aquella mañana. Su cara en ese momento se asemejaba a una de esas que yo me imaginaba y que debían de poblar los palacios celestiales, la de un ángel confiado y feliz, seguro de que siempre alguien estará velando por él. Y yo, ahora, ante la visión encantadora de mi nieta, me figuraba ser algo así como ese ente que lo cuidaba y que se derretía ante su presencia. Celia, el ángel, y yo, su guardián.
Y es que, cuando se halla algo enferma, por poco que sea, me cae el alma a los pies y soy casi incapaz de esbozar siquiera una sonrisa de compromiso hasta que no veo una suya reluciente como el sol de mediodía. No soporto verla mala, alicaída, sin ganas de jugar con sus Nenucos a las mamás y papás, a la profe y sus alumnos, a hermanitos y hermanitas traviesas u obedientes, a cualquier cosa que se le ocurriese y donde yo ocupo siempre un lugar, un personaje que debo hablar, impostar la voz, como se supone que lo debería de hacer esa persona o ese muñeco que ella desea que represente en sus juegos. ¡Pobre de mí si no lo hago!
¡Y pobre de ella si no me lo manda!
Porque os juro que si no me lo manda.,… pues me aguanto. ¡Como que soy su abuelo, que lo hago, que me aguanto hasta que ella diga! ¡Menudo soy yo!
Cuando despertó había mejorado, la medicina, supongo, estaría haciendo el efecto deseado. Luego, a lo largo del día, solamente a media tarde le volvió a subir algo la fiebre. 
Durmió bastante bien y al día siguiente ya estaba como nueva, como sucede con los chiquillos en general: recuperan en horas lo que un adulto no hace ni en una semana. Pero mejor, benditos sean y benditos sigan.

Que no se diga: una sonrisa sale de cualquier situación, echen una y disfruten del día.

domingo, 9 de diciembre de 2018

DIÁLOGO EVENTUAL


      Hace más o menos seis meses, despertó sobresaltada a eso de las cinco de la madrugada llamando a su madre. El pijama y las sábanas estaban húmedos. Saltó como un rayo de la cama y tropezó con su madre que ya se dirigía hacia ella al oír la llamada. La niña bajó la vista hacia su pantalón oscurecido por la orina, con cara avergonzada y sin decir palabra. La madre también se fijó en ello, pero lo único que hizo fue acuclillarse, darle un abrazo y comerla a besos.         Luego fueron al baño, donde la lavó; a continuación le puso un pijama nuevo y la acostó en la cama matrimonial junto al padre. se arrebujó con la manta y se arrimó al costado de su papá; no tardó en quedarse calentita nuevamente dormida. La mamá, mientras, fue a la habitación de su hija y quitó toda la ropa mojada, arrojándola al cesto de mimbre que había ex profeso junto a la lavadora.
      Cuando se levantaron, al cabo de unas horas, acompañó a su madre a hacer la cama. Algo le relató sobre un sueño y el váter de casa de Mamá Nini, pero que no recordaba exactamente qué. Las imágenes no volvían a su cabeza y, enseguida, haciendo un gesto de hastío con las manos, le alcanzó la almohada a su madre.
     Quién sabe, pero me imagino un diálogo entre ambas así o semejante. Cosas mías, que fantaseo demasiado. 

- ¡Oh. Mi muñeca de colores,

te has meado!

- Sí, mamá,

no he aguantado.

- Mañana te despertaré

a media noche, cielo.

- Sí, mama,

que el pañal no lo quiero.

- Dormirás conmigo,

cariño, y lo harás feliz.

- No, mamá,

que soy grande, jolín.

- Pero si…

- Sin peros, mami,

que tengo tres años

y ahora, me lo dijo papi,

ya sola me apaño.

- De acuerdo, muñeca,

de acuerdo…, claro,

no me preocupa, pequeña,

irás tú sola al baño.

- Eso es, mami,

que esto de hoy, lo de mear,

como dice mi abuelo,

fue algo… eventual.

viernes, 7 de diciembre de 2018

COPA LIBERTADORES EN ESPAÑA. ¿¿¿???


La final de la copa sudamericana, o algo así, de fútbol se jugará en España, en Madrid. La razón: que, como los hinchas más bestias del Boca Juniors y del River Plate están sin domesticar, ya se produjeron y se teme que se repitan las algaradas y los problemas de orden público allá en Buenos Aires. Nada mejor, pues que vayan a armar de las suyas a otro lugar. ¿Y qué otro sitio más adecuado que Madrid? Pues ninguno. Apoyo total por parte de todos los estamentos involucrados. Los empresarios se frotan las manos, incluso han hablado de decenas de millones de euros de ganancias ante la final de la Copa Libertadores. Pero, eso sí, la seguridad que origina un evento de esta naturaleza a cargo del Papá Estado. De Asturias se han ido no sé cuántos agentes de la policía para reforzar en la capital de España, es decir, que durante unos días la seguridad en esta patria chica del norte de España queda reducida por culpa de un partido de fútbol que ni nos va ni nos viene. Y en otras comunidades sucederá otro tanto de lo mismo.

¿A santo de qué los problemas de seguridad que originan estas dos hinchadas deben traspasarse a nuestro país? No lo entiendo. Si no están preparados para ello, que eliminen el futbol allá, o que hagan desaparecer estos dos clubes, o que eduquen a esa gente que tiene  las facultades mentales perdidas absolutamente, o que a los responsables de los tumultos les hagan pagar una pena que no les queden más ganas de meterse en líos, o los que no se meten en nada que se organicen y echen a esos gamberros y delincuentes de sus estadios, o que las autoridades los encierren, que total, a la vista de los hechos, la sociedad estaría mejor y a los que nos gusta el fútbol se lo agradeceríamos. Y lo mismo con el resto de hinchadas, de grupos incontrolados que dicen ser seguidores de cualquier equipo y lo único que buscan es gresca, enfrentamientos y violencia a espuertas para hacerse notar. De uno en uno, esos sinvergüenzas  no valen para nada, necesitan la manada para sentirse fuertes, son unos cobardes.

Por eso, que los gastos que creen esos energúmenos, antes, durante y después del partido, que los paguen quienes tuvieron la ocurrencia y estuvieron de acuerdo en jugar este partido en suelo español, y que lo hagan de su bolsillo, veréis como se lo piensan antes de dar su complacencia a ello.

Pero eso, ya sé, no va a pasar. Es una realidad que en España, según para qué cosas, el dinero nunca falta. Y que responsables tampoco los habrá, porque la culpa será del que asó la manteca, si las cosas se tuercen hasta el punto de que haya algo más que seguidores dispuestos a disfrutar de un partido de fútbol.

Hala, a gozar de este fin de semana soleado, al menos aquí, y la sonrisa, por más que duela, que no se pierde jamás, que siempre se encuentra algo para esbozar una.

martes, 4 de diciembre de 2018

CARACOLILLO

(Para Celia)



Caracolillo, sube, sube.

Caracolillo, no te caigas.

¡Cuidado, no te resbales!

¡Cuidado, cuidado!

¡¡¡No, no, no, no, no, no, no!!!

Caracolillo, no, por Dios,

que, si te posas en el suelo,

¿quién sabe, Caracolillo,

si en tu empeño cejarás?

Caracolillo, sube, sube,

no te resbales, por favor,

que yo te espero aquí

los días de lluvia

y los de sol,

con muchas hojas de lechuga

y muchas hojas de col.

Caracolillo, sube, sube.

¡No te apures, Caracolillo!

¡Tranquilo, no corras!

Poco a poco,

cada día un poco más.

Y, ¡ay, ay, por favor!,

Caracolillo, no te caigas.

¡¡¡No, no, no, no, no, no, no!!!

Caracolillo, no, por Dios.

 

sábado, 24 de noviembre de 2018

DESPERTANDO


Ojos risueños
esperando ávidos
versos mimosos
que le recuerden
el regocijo diario
de su despertar,
poema vivo
entre sábanas blancas
de versos sueltos
recopilados
en una antología
de amor sin fin.
Risa de ángel
en su cara de niña,
gozo celestial,
esa mirada
pura e inocente
que embelesa,
que enternece
la dura piel reseca
del escribidor.





martes, 20 de noviembre de 2018

DECLINA EL NOMBRAMIENTO


¡Toma ya! El que iba a ser Presidente del CGPJ, después de descubrirse algún que otro mensajito de un senador popular reconociendo, le guste o no, que los jueces están al servicio de los partidos, ha dicho que nones, que él no va a aceptar el cargo presidencial, declina el ofrecimiento no sé si por decencia profesional, que es lo que quiero pensar, o por el qué dirán a la vista de los derroteros por los que se encamina este asunto. Y ahí no queda todo, el PP se desvincula a continuación del pacto con el PSOE para nombrar a los vocales y el CGPJ se queda con el culo al aire. Los partidos ya andaban desnudos desde que firmaron, o fingieron, un acuerdo que se consumió como un gramo de tabaco en la punta del cigarrillo al encenderlo.
        ¿Y ahora? Pues nada, todo va seguir igual, qué más da unos que otros en ese Consejo. Los ciudadanos de a pie continuaremos con nuestra vida tan tranquilos. A fin de cuentas, lo que deciden en él siempre será en bien de los políticos de turno o en detrimento de los de siempre. ¿Alguien cree que el hecho de colocar a dedo, como hacen los partidos, a esos representantes va a cambiar la sociedad en función de unos u otros? Yo no. A fin de cuentas, hay poderes por encima del de los políticos que, más de una vez, han mostrado quién manda en este país... y en otros, no se crean. 
Otra cosa sería que quienes obtuvieran ese puesto fuesen aquellos que hubiesen demostrado a lo largo de su carrera profesional su valía y demostrado suficientemente su independencia a través de sentencias justas amparadas por la ley y hasta en ocasiones, si fuera preciso, interpretando y apelando no solo a ella, sino también a un mínimo de sentido común, sentido este que a los legisladores se les olvidado incluir en muchas de las leyes vigentes. Y jurisprudencia para entender esto último hay más que sobrada.
 
Sigan ustedes sin preocuparse demasiado, echen una sonrisa que en unos días lo arreglan entre ellos, si no es de una manera de otra, por la cuenta que les tiene, y este cuento se acabó.
 

domingo, 18 de noviembre de 2018

ASÍ, DÍA TRAS DÍA


Son esas, tus sonrisas, las que me espolean,

tus ojos luminosos los que me alientan,

tus palabras con lengua de trapo las que me infunden

las ganas de vivir deliciosamente

el día a día a tu lado, cuidándote, queriéndote, mimándote,

aunque al tiempo, todas mis  neuronas,

miedos de abuelo, sobrecogiéndome irracional  

ante cualquier aflicción tuya figurada fantasiosamente

por mi mente febril, temerosa y calenturienta

Son esos, tus abrazos, los que funden mi alma,

tus besos los que acaparan todo mi amor,

tus caricias suaves en mi cara las que me conmueven

hasta no saber qué hacer sin tenerte cerca,

transformado, en un simple instante tumultuoso,

en un insignificante y traslúcido espíritu errático,

en un fantasma solitario en busca de destino.

Son tus despertares somnolientos los que me abren al día,

tus pasos titubeantes, aún quejosos por madrugar,

los que me obligan a andar,

quienes me despiertan a la vida,

porque sin tu existencia no amanece nunca,

permanezco desconcertado, deambulando de un lado a otro,

como un sonámbulo con rumbo a ningún sitio,

alelado, lagañoso y embotados los sentidos,

ausente de la realidad.

Así hora tras hora, día tras día,

así siempre, mientras la muerte respete mi caminar.


Continúen con el fin de semana y que la sonrisa siga en sus caras.

 

jueves, 15 de noviembre de 2018

PLATOS Y VASOS


¡Madre mía, se acercan las Navidades! ¡Si hace cuatro días que estábamos viendo la cabalgata de los Reyes Magos y agachándonos en busca de caramelos que luego nadie comía!

-Tito, falta un mes.- me dijo ayer mi nieta.

-¿Qué?- me pilló despistado, iba dándole vueltas a una palabra que no me salía, aunque estaba en la punta de la lengua, desde hacía un par de días para calificar una situación en uno de los escritos que atiborran en ocasiones el escritorio de mi ordenador, antes de deslizarlos, una vez terminados, en la carpeta de Documentos.

-Que falta un mes para poner el árbol y el nacimiento. Pero van a venir Nino y Tata para ayudarme, porque yo no me acuerdo de cómo fue el año pasado, era muy pequeña, no tenía todavía tres años.- Y sus ojos hacían chiribitas poniéndose en situación, quizá rememorando escenas con sus primos, o contemplando las luces de colores del árbol de Navidad, o viendo el portal y las figuras del belén y más que nada, seguro, soñando con los paquetes de regalos.

-¡Ah, muy bien! Es que estaba despistado, cielo, – le expliqué mirándola a los ojos, centelleantes y vivarachos, que mantenía fijos en algún lugar nebuloso, pero que me imagino lleno de la naturaleza jovial, alegre y entusiasta de aquellas fiestas.- ¿Así que dentro de un mes a decorar la casa, eh?

-Sí, Tito- me respondió surgiendo de entre los sueños en que andaba metida hasta entonces.- Y tengo que acordarme de poner los platos y los vasos.

-¿Qué platos y qué vasos? ¿Qué los vas a colgar en el árbol con las cintas y las bolas de colores?- Yo seguía aún un tanto ido en busca del dichoso “palabro” que se me sumía en el olvido en cuanto creía que ya lo tenía. Era como si mis cuerdas vocales y mi lengua se rebelaran en perfecta comunión para mantenerme alejado de ella. Y aquello me rebelaba.

Cuando volví la cabeza hacia la pequeña, percibí una sombra de inquietud en su mirada, como si estuviese viendo a alguien enajenado y desconocido para ella.

-¿En el árbol? ¡Estás loco, Tito!- y se llevó el dedo índice izquierdo a la sien.- ¡¡¡¡Para Papá Noel y los renos, y para Los Reyes y los camellos!!!! ¿O no van a comer y beber algo cuando lleguen a casa?- explicó componiendo todo tipo de gestos y muecas con la cara y ademanes y aspavientos con sus manos, firme y con los pies clavados en el suelo, vuelta hacía mí y con sus ojos en los míos.

-¡Ah, claro! ¡Los platos y los vasos! Ahora caigo, palomina mía.-  disimulé todo lo que pude mi falta de atención, haciéndome el sorprendido y mostrándome a la vez como confuso por mi ignorancia.

-Tiiitooo, no te enteras, eh.- Luego, siguió hacia adelante, pavoneándose como si me hubiese impartido una clase sobre el origen del universo, me dejó un par de metros atrás y abrió la puerta trasera del coche para subir a la silla infantil en que viajaba.

De repente, lo vi claro. La palabra era alabeo. Por fin.

Sigan bien, disfruten de la jornada y que esa sonrisa no falte.

martes, 13 de noviembre de 2018

MÁS DE LO MISMO


Ciudadanos se desmarcó de la ópera bufa que desde siempre los partidos políticos muestran, confabulados, para elegir a unos jueces, a un Consejo General del Poder Judicial, que presuntamente se plegará cada dos por tres a sus órdenes o recomendaciones. Sí es verdad que Cs nunca ha estado de acuerdo con esta forma de elección, pero mientras las leyes sean las que son, poco podrán hacer. No obstante, es chocante cuanto menos que realcen su postura y se nieguen  a participar de una ley que está en vigor. Si eso es posible, por qué no, a santo de qué, podremos enjuiciar de otra manera a los independentistas catalanes cuando no admiten la constitución y se van por otro lado. Ni unos ni otros admiten determinadas leyes, lo que sucede es que, en tanto en cuanto estén vigentes, han de respetarlas. Otra cosa es que estén en contra de ellas o de su derogación y para eso, ya saben, en el Congreso y dejar de patalear al aire.

Y por otro lado, la connivencia entre PSOE, Podemos y PP para elegir a aquellos jueces que consideran más afines a sus intereses. Incluso eligiendo un Presidente del Consejo, saltándose la norma de que debe ser elegido por los componentes de dicho Consejo y no por los partidos políticos. ¿Y aún quieren convencer a los españoles que hay diferenciación de poderes en España? ¿No tendrán razón ERC, CDR, o PDECat cuando afirman que en España la justicia no se imparte en las salas judiciales? El paso que han dado los partidos de siempre y sus acólitos, esos populistas cuando interesa nombrarlos así, es que las palabras se las lleva el viento y el compango del pote mejor en sus propios platos, aunque con los huesos permitan hacer un caldo para los demás.

¿Quién dijo que en España hay tres poderes independientes? No es por nada, es para reírme del iluso, demagogo o falaz personaje.

Sigan bien, disfruten del martes y trece y no pierdan la sonrisa.

MADRUGADA DE OTOÑO





         -¡Hooolaaa, buenos díííaaaas!- Y así fui poco a poco despertándola, entre alguna cosquilla bajo el brazo y una carretada de besos de lobito, suaves, esponjosos y dulces como la miel.
-Ummm, buenos días, Tito.- Y aupó sus brazos, me los echó al cuello, me acercó a su cara y me dio uno, dos, tres besos sonoros, de esos que penetran por los oídos directos al corazón. – ¿Es de noche, Tito?

-Sí, aún sí. Pero espera, que voy a correr el visillo y bajar la persiana para que veas amanecer.



-¿Ya salió el sol?– me preguntó extrañada.- ¡Pero si es de noche! Lorenzo todavía no está. Espera, a ver si está Catalina.- Y se lanzó fuera de la cama, descalza, arrimándose a la ventana.
En el cielo brillaba una luna llena magnífica que reinaba sobre el firmamento, acomplejando a unas estrellas que lo único a lo que podían aspirar era a ser meras acompañantes de tan singular belleza.
-Mira, Tito, allí.
-¿Dónde?
-Allí, junto a Catalina. ¿No lo ves?- Había estirado el brazo y señalaba con el dedo hacia un punto indeterminado del cielo.
-No veo nada, cielo, ¿qué hay allí?- Mis ojos recorrían aquella negrura iluminada por miles y miles de luceros, intentando divisar las luces de un avión o algo similar.
-Papá Noel, Tito. Allí, en aquella estrella, seguro que está esperando por la Luna para desayunar con ella.- Me quedé perplejo, aunque no tardé en reaccionar y seguir la corriente de aquella imaginación desbordante que sabía que la pequeña poseía. Su mundo era el mío y yo lo vi también, en el mismo lugar que ella señalaba.
-¡Claro, ahora lo veo! Y están allí los renos. Fíjate, a la derecha, allí está Rodolfo.
-¡Hala, es verdad! Estarían toda la noche vigilando.
-Claro, mi cielo. ¡Y pobres de los niños que no se hayan comportado bien!- La miré como diciéndole que a ver ella lo que hacía.
-¡Y de las niñas, Tito! Pero yo ayer fui buena, eh.
-Ayer sí, que me lo dijo el pajarín cuando me levanté.
-¿Quién, el gorrión?- Su cara mostró la misma sorpresa de otros días cuando yo le comentaba alguna situación que achacaba indefectiblemente al soplo de mi vigía particular, pero que conocía a través de sus padres.
-Sí, ya sabes que me cuenta todo lo que haces.
-¡¡Míralo!! ¡¡Ahí, ahí, en el árbol!!- Y señalaba como una loca para unas ramas de un peral medio seco donde, efectivamente, se posaban varios gorriones anhelantes por el primer rayo de sol.
-Es verdad, el que está en la ramita más alta, ese es mi amigo.
-Sí, y está mirando hacia aquí- dijo mientras lo saludaba con la mano a través del cristal.
Justo en ese momento, por detrás de los montes aún en penumbra, unos pequeños resplandores anaranjados comenzaron a dar muestras del despunte del día.
-Mira, Celia, está amaneciendo. Fíjate por allí, en el cielo, cómo comienzan a verse los primeros rayos de Lorenzo.
-Vaya, Tito, entonces ahora se marcha Catalina. Y a mí que me gusta más Catalina.- Puso pucheros como si estuviera muy enfadada y se dirigió hacia la cama a calzarse las zapatillas rosas de Minnie.
-Es lógico, Celia, Catalina tiene que desayunar y luego acostarse, que lleva toda la noche levantada. Además la están esperando.
-¡Uy, es verdad, Tito, estará súper cansada· Y se dio la vuelta para acercarse nuevamente a la ventana.- Y Papá Noel y los renos… ¡Oooh, ya no se ven!
-Normal, mi palomina, ya se habrán sentado en la cocina de su amiga estrellita, que estarán más calentitos, a esperar por Catalina.
-O ya desayunaron solos y se marcharon al Polo Norte.
-Puede que sí, estos meses tienen muchísimo trabajo con la preparación de juguetes.
-Claro. Pero de noche vuelven, que los veo yo a veces por el Paseo del Río. Y andan observando a través de las ventanas a ver lo qué hacen los niños en casa.
-Ya. ¿Y las niñas como tú, no?
-Ya.
-Bueno, ¿y tú qué, vas a desayunar o piensas llegar tarde al cole?
-No, Tito, que hoy tengo Gimnasia Rítmica.- Y salió arreando hacia su mesa pequeña del salón donde la esperaba el desayuno que previamente le había preparado su abuelo, su Tito.

-Tito, ponme dibujos.- Se apresuró a decirme, después de desechar las zapatillas que nunca le gustaron, mientras se ponía los calcetines de andar por casa y luego se sentaba
Así que Tito éste que escribe porque no sabe estarse quieto sin juntar de vez en cuando un montón de palabras, asió el mando de la tele, la encendió y la puso en un canal donde un Troll intentaba alcanzar a Ricitos de Oro. A continuación, con la niña ya tranquila y comiendo su primera galleta, se dirigió hacia la habitación de la pequeña, echó las ropas de la cama hacia atrás y abrió la ventana para ventilar el cuarto. Luego, cerró la puerta y volvió al salón para que Celia no se descuidase y desayunase correctamente.
Aún faltaba asearla y vestirla, otorgarle a continuación unos diez o quince minutos de tiempo libre, durante los cuales le haría la cama y cerraría la ventana, e inmediatamente salir hacia al cole.
Los últimos momentos en casa, me dediqué a contemplar a la nieta, que trajinaba totalmente concentrada con varios vestiditos, pañales, botecitos, biberones y otros accesorios propios para el cuidado de sus muñecos, ajena completamente a la tele. No se me borró la sonrisa de la cara, hasta que miré el reloj y vi la hora.
-¡Hala, Celia, cielo, que se nos hace tarde!- exclamé cuando me di cuenta que aquellos momentos habían durado casi veinte minutos.
Con la sonrisa pintada aún en la cara, la vi llamar el ascensor.

         Sigan ustedes bien, y no olviden que un mínimo de una sonrisa diaria es salud.