Hemos llegado a una situación en la que los
pensionistas de este país se han lanzado a la calle acuciados por unas subidas
de su pensión que ridiculizan a cualquier ser humano con dos dedos de frente.
Te suben el 0,25 cada año como si eso significase lo más de lo más. Y nuestros políticos,
algunos, se enorgullecen de ello porque consideran que de esta manera siguen
ganando poder adquisitivo, aunque sea mentira, aunque sepan que es mentira.
Porque las mentiras, o como les gusta a esta clase social privilegiada,
promesas incumplidas, nunca llegan a buen puerto, a pesar de ciertos datos que
se repiten cada cita electoral que me dan que pensar.
A mí, pensionista de los que considero
sinceramente que la cantidad que me consignan mes a mes no es precisamente una
birria, como a la de otros conocidos, me produce repelús que se mezclen churras con merinas. Me explico: estoy de
acuerdo en que las pensiones no pueden seguir así, pero dentro del enorme
abanico que suponen las distintas cantidades que se cobran de pensión existen
muchísimas variables que no hacen posible que la huelga por este motivo tenga
un motivo común. Vaya por delante que los salarios que cobran las personas
jubiladas no siempre son los mismos. Los hay que cobran pensiones no
retributivas, es decir, gente que no contribuyó a la estabilidad de la caja de
la Seguridad Social por la razón que fuese, pero digno de analizar; los hay que
la cobran por accidente o enfermedad, aunque haya miles que luego se dedican a
profesiones liberales y autónomas sin declarar un céntimo al fisco: los hay que
han trabajado décadas para alcanzar unos un subsidio mínimo y otros mejor con el
que vivir; los hay, léase políticos o altos cargos de empresas punteras de este
país, que no han rascado bola o muy poca durante unos cuantos años, pocos en
algunos casos, y tienen una pensión o sueldo
o como se le haga llamar bastante llamativo por no decir otra cosa, amén de un
plan de pensiones que no se merecen puesto que ellos por sí mismos la mayoría
de las veces no aportaron nada, sino que lo hizo la empresa o el estado; las
hay de viudedad, irrisorias en muchas ocasiones; las hay de autónomos, muchos
de los cuales durante la mayor parte de su vida han pagado lo mínimo por
rendimientos de trabajo y solo se han acordado de pagar cuanto más mejor al
final para cobrar una pensión que no se merecerían si no; las hay de muchas maneras y
formas; etc. Seguro que ustedes sabrán mucho más que yo y de ejemplos por el
estilo.
Pero lo que no soporto es que se hagan
manifestaciones porque con el sueldo de las pensiones no se llega para atender
las necesidades de los hijos o hijas, de los nietos o nietas que por hache o
por be no disponen de un trabajo estable, o de un sueldo digno o de ninguno con
el que ganarse el pan o llevan en el paro no sé cuánto tiempo. Esto no. Una pensión es la paga que se les concede a
unas personas que han trabajado a lo largo de su vida en función de unas características
laborales que las leyes marcan, gusten o no. No es una cantidad de dinero que
se da a la gente para que cuide de su prole. Unir una cosa y otra no vale, por
más que los medios se encarguen de hacérnoslo llegar con todo tipo de
entrevistas. Lo siento, pero esa prole, esos hijos/as o nietos/as han de poder
vivir de forma autónoma y, si no es así, han de ser ellos quienes se lancen a
la calle a protestar en vez de enviar a su padres o abuelos a luchar en su
lugar. Por más que los quieran y se quieran. Esa razón esgrimida para la subida
de pensiones no sirve para echarse a la calle por parte de los pensionistas.
Estos que luchen por lo suyo, pero no porque han de atender a otras personas
ajenas a su pensión, por más cariño que les profesen y por más que lo necesiten.
Por eso, conmigo que no cuenten, porque las churras y las merinas no se mezclan.
Por más que esté de acuerdo con que la subida del 0,25 es una vergüenza.
Ah, la sonrisa, no obstante, no la pierdan nunca, que sonreír siempre es mejor para aguantar las dificultades, por muy duras que sean.
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