sábado, 10 de abril de 2010

FELISA (Capítulo 14)

(De cómo penetran en el río Felisa y la Srta. Fdez. del Río)
Estaba la nutria dando saltitos y clavándole sus vértebras en el culo de la niña.
En realidad el agua no estaba fría, sino más bien tibia. La razón de los saltitos de la Srta. Fdez. era el asco que le crecía en su interior pensando que tenía que cruzar aquello. Hacía ya varios años que atravesaba el río por un árbol caído unos metros más arriba para evitar el contacto con aquel líquido semipastoso al que los cortesanos llamaban río.
Y ahora debía de hacerlo, todo por haberse metido en camisas de once varas, donde nadie la llamaba. ¡Dichosa cría! ¿Quién le habría mandado a ella contesar a la niñata aquella? Si no fuera porque se la veía tan, tan, tan no sé cómo.
Por fin la nutria se decidió y, pasito a pasito, chirriándole los dientes y temblando como una hoja movida por una ciclogénesis explosiva, se fue adentrando en las sucias, amarronadas y fétidas aguas del río, a riesgo de coger cualquier enfermedad cutánea que podía acabar con su tersa y reluciente piel.
Felisa no se podía contener. llevaba la escopeta echada a la espalda, la cesta de mimbre con la comida de su abuela sobre el lomo del animal, sujeta con su mano derecha, mientras con los dedos índice y pulgar de la izquierda se apretaba las fosas nasales para impedir que aquel olor pútrido penetrase en su pecho e impregnase su cálida, ingenua, dulce y virginal personalidad. (¡Qué pijada, me estoy superando!)
Por fin, en un arranque impetuoso que casi tumba de bruces a Felisa, la Srta. Fdez. del Río se lanzó a las cálidas y pestilentes aguas del río.
(A esta corriente de agua antiguamente se la conocía por el Río de Las Nieves. Ahora los ribereños la habían rebautizado, aunque siempre diciendo su nombre por lo bajo, que no llegara a los oídos de los responsables de su cuidado. La razón no era otra que podían sufrir en sus carnes consecuencias funestas para su salud, bien en forma física o económica, con la subida de unos impuestos, el ¡OVAENICSOONP! * entre otros, que ya en aquellos tiempos asfixiaban a los mismos paganini que hubo, hay y habrá por los siglos de los siglos en todas las sociedades del mundo. Para unos, era el Río de la Purquiría (nombre procedente de una lengua antiquísima que usaban los ciudadanos de la calle, la mayoría, pero siempre y cuando no participaran en el gobierno de la zona, porque entonces, como si les inocularan la rabia, le daban la vuelta a la chaqueta y se mostraban con respecto a ella peores que perros de presa); para otros, Río de Los Políticos, aunque se desconoce si debido a que aquella sociedad asociaba ambos nombres para referirse a lo mismo; es decir, desconozco si tales aplicaciones toponímicas se debía a la sinonimia o bien a que la gente no tenía muy claro el nombre del río.
*¡OVAENICSOONP!(para los que no están gravados por él): ¡Os Vais A Enterar, Niñatos Ignorantes, Como se Os Ocurra No Pagar!
Verdaderamente no fueron muy originales, pero es suficienmtemente aclaratorio de las consecuencias que podría acarrear su incumplimiento ("a buenos entendedores, pocas palabras bastan").
Había otros impuestos, pero sin interés ninguno en cuanto al nombre, ya que se los cobraban por la mano y no podían ni protestar (más les valía estar calladitos). Por aquel entonces aún los sindicatos, dos que había, estaban en fase embrionaria y no se planteaban una huelga general ni por asomo- a mí esto hoy me suena de algo, pero no caigo-. Además ambos secretarios generales de aquella especie de cigotos sindicales abortables pertenecían al círculo más íntimo de los señores de las fortalezas y, por lo tanto, recibidores de prebendas que les hacía sentirse más que cómodos en aquel cargo donde, a ellos personalmente, no les faltaba de nada, ni siquiera los treinta y siete días de vacaciones anuales, más dieciséis para asuntos propios-que se solían usar a mediados de invierno para buscar climás más cálidos-, fines de semana y veintisiete fiestas no laborables al año, aparte de la asistencia con gastos pagos, aparte de dietas, a congresos en otros lugares normalmente con cierta fama turística y donde abrían sus ojos a la realidad social que les rodeaba para tomar medidas y evitar a esos mismos asistentes tener que vivir como lo hacían los que les rodeaban. Pero eso sí, habían defendido, incluso encadenándose a los fosos de los castillos, que el resto de los obreros disfrutarían de desacnso todos los domingos (aunque las malas lenguas lo achacaban a la influencia del cura, con el que no se jugaba, y para quien la misa era obligatoria y no quería disculpas entre sus feligreses para que pudiesen ausentarse aduciendo que estaban a turnos o amparándose en cualquier trabajo de última hora que le había obligado a echar una hora extra de más) y de dos horas por la tarde el día de la fiesta del pueblo- cuyo nombre aún no os dije porque también tiene miga-, (aunque estas dos horas eran recuperables cada cuatro años, el 29 de febrero, que se convertía en una jornada normal, más ocho horas suplementarias con el fin de ponerse al día).
Total, que el capítulo 14 llegó a su fin y mañana seguiré cruzando el río con las dos.
Mientras, a disfrutar de este fin de semana, que parece que llegó el buen tiempo.sean felices.

miércoles, 7 de abril de 2010

FELISA (Capítulo 13)

(De cómo Felisa disfruta montando a la Srta. Fdez. del Río)
Ya tenemos a la niña a la grupa de la nutria.
¡Qué cara de felicidad se le plasmó a la chavalina! Hasta ese momento nunca había montado en ningún sitio. Era, pues, su "bautismo de monta", sin curas ni frailes, ni padrinos ni nada por el estilo. Esto hoy está estrictamente reservado, salvo contadas excepciones, para determinadas personas amantes de la hípica, con cuartos bastantes para permitirse tener unos jamelgos o unos pura sangre y pagar su atención y manutención, sus trajes y gorritas, y las consumiciones desorbitadas en bebederos de lujo que derivan en charlitas inconsistentes sobre la maravillosa montura que tienen; también hoy, sin ánimo de ofender, tienen su bautismo de monta en cualquier momento del día jóvenes y adultos que acceden por primera vez a apagar el fuego amoroso que los consume, que los lleva a seguir este deporte de forma habitual mientras el cuerpo aguante, o mejor, mientras haya alguien dispuesto a colaborar; pero éste es otro tema que nada tiene que ver con el actual, así que deslean lo anterior y vuelvan al "bautismo de monta" para seguir.
¡Mira que algunos de sus compañeros en infinidad de ocasiones la habían animado en la escuela a hacerlo y practicarlo con asiduidad! Le explicaban que montar era algo extraordinario y de lo más placentero; que, al principio, sin experiencia, podía doler algo, pero luego, una vez habituada, pues... Y, si no, que se lo preguntase a su amiga La Pepa, que iba con ellos todos los fines de semana.
(Espero que las mentes lascivas no vuelvan a ver cosas raras donde no las hay, ¿de acuerdo? Porque a algunas, cuando les entra la fija, no ven más allá de la punta...¡de sus narices, oiga! ¡¡¡DE SUS NARICES!!!, que todo lo voy a tener que aclarar antes de que...Voy a calmarme un poco, pero es que este tipo de pensamientos me enervan, me sacan de mis casillas) Sigo:
Ahora que Felisa ya sabía cómo era, se dijo que, cuando volvieran a invitarla, no lo pensaría dos veces. Se lo comentaría a su padre para que le permitiese coger el caballo y montarlo dando un paseo con su pandilla. Seguro que el primer día le costaría adaptarse y le dolería salva sea la parte del cuerpo, pero no tardaría en acostumbrarse. Todo sería ir cogiéndole el tranquillo al asunto. Y disfrutaría con La Pepa y sus amigos montando cuanto quisiera.
En ese momento suspendió el hilo de sus pensamientos porque llegaba la hora de la verdad: estaban a la orilla del agua. debía estar fría ya que la Srta. Fdez. metía un pie y lo sacaba dando saltitos sin percatarse de que la niña también brincaba encima y las vértebras del animal se clavaban sin compasión en la tierna carnecita de otra vez salva sea la parte de la confiada criatura. (¡Qué chorrada para explicar que se les clavaban en el culo!, Pero...los que somos bien hablados y bien escritos, pues tenemos estas cosas, ¿qué queréis, si yo fui también a un colegio de pago? Igual pensabais que sólo van los hijos de los ministros y directores generales, o de los diputados y senadores, o de los directores generales y los trepas amigos de relacionarse con gente bien. Pues no. A veces a uno le dan una beca, que no llega ni para la mitad, pero se tiene familia allí para pernoctar y se va tirando, porque si no, "ni pa dios, nin", y entonces se puede estudiar en esos centros privados aptos para otros que no eran como yo, pues había de conformarme, como otra media docena en la misma situación, con las migajas que restaban del banquete y las miradas, gestos y hechos de compasión y conmiseración de muchos de los que te rodeaban, que no podían evitar sentirse superiores respecto a algunos de nosotros. Pero yo tuve suerte, me habían ido educando bien en casa atendiendo a las explicaciones que sobre las fantochadas y los estiramientos de cuello eran capaces de hacer determinadas hembras y varones de mi pueblo con tal de llegar a quitarle la baba de las comisuras de los labios a los que, puestos a dedo, dirigían la vida de los ciudadanos; siempre tuve claro que no había nadie superior o inferior a nadie; si acaso, en la última categoría, los babosos y los que les quitan la baba. Pero en general, todos iguales y que el que algo quería, tenía que currárselo y a ninguno se lo darían guisado y bien aliñado. (Las excepciones ya las sabéis todos: buscad entre la nobleza alta y baja, entre las finanzas, en la endogámica universidad, entre determinadas clases políticas, entre el mundo que rodea, permite y vive de la corrupción y las/los corruptelas, entre los mundos oscuros del hampa y de la delincuencia de manos negras y blancas, entre los que tienen que poner remedio a estas situaciones, entre los que predican soluciones encubriendo a los suyos, y más aún; pero, si vosotros ya lo sabéis, para qué lo voy yo a escribir.) De verdad os digo que, después de las excepciones, en este país trabajamos cuatro gatos. No obstante, no me quejo, hasta ahora he sido capaz de vivir como me dio y me da la gana.
¿Y a qué viene todo esto? Pues no lo sé, a nada. Mejor olvidaros, como si no lo hubiese escrito, pensad que está escrito con zumo de limón y ya desapareció de vuestra vista. ¡Uf! Me pierdo y no me encuentro.
Vayamos al agua con las dos protagonistas.
Pero eso será en el próximo capítulo.
Mientras, disfruten de este fin de semana primaveral y sean felices.

lunes, 5 de abril de 2010

FELISA (Capítulo 12)

(De cómo Felisa comienza su travesía)
Recapitulemos:
1-El bosque estaba profusamente lleno de zarzas, matorrales, árboles, flores, etc., menos las que había arrancado la tontita de Felisa, aún no concienciada con el cuidado del medio que nos rodea. Tampoco habían surgido todavía para explicarlo grupos de apoyo a la Naturaleza, es decir, los hoy conocidos como ecologistas- que los hay de todo tipo y condición, y que, con alguna excepción, surgen como setas en primavera y otoño para defender estos hábitats en cualquier lugar del mundo, aunque necesitados casi siempre del aleluya y la protección de instituciones más proclives a sus propios y lucrativos intereses, con poco más que hacer que salir de vez en cuando a denunciar un par de hechos concretos para que se les vea, pero sin molestar mucho.- Tampoco habían aparecido personas en el seno del poder establecido, comprometidas con la defensa del medio ambiente y capaces de crear un ministerio para tal fin con el objeto de lavar la cara de los gobernantes ante las judiadas (perdón si molesto; aunque permitido este vocablo por la RAE, lean mejor injusticias, perjuicios, jugarretas, acciones deshonestas) que se permitían a lo largo y ancho del reino. Es decir, el monte era un monte, como Dios manda, a excepción del río, propiedad de los cortesanos de los castillos de la zona- precursores de la clase política actual- que eran los responsables y verdaderos culpables de la contaminación y la situación en que se encontraba, aunque éste es otro tema y mejor lo dejamos para otra ocasión.
2- La abuela seguía bañando a su pequeño.
Sigamos, pues.
El caso es que la viejecita (otra vez el diminutivo, que es más familiar, por si las feministas me acusan por cualquier concepto o definición que haya podido escribir de tan dulce mujer y del cual no soy consciente pero por el que pido de antemano humildemente perdón, y en plan cariñoso, que ya me está empezando a caer bien la bonita brujita, que tiene un no sé qué, que qué sé yo) no quiso apurar mucho a su enamorado y ni siquiera lo rozó. se comportó con el decoro que le correponde a cualquier persona de género, masculino, femenino o neutro (y hasta de número, singular, plural o con matices) ante la ingenuidad de un ser que, como aquél, únicamente quería, colado como estaba hasta la médula, soñar con su Julieta. Aunque, en sus sueños y divagaciones acerca de su futuro, no acertaba a ver cómo le explicaría a su pareja que lo suyo con la iglesia no funcionaba, debido sobre todo al radicalismo extremo con que trataban este tipo de relaciones el Pontífice Máximo y todos sus clérigos y adláteres, y que prefería un casamiento (no se puede llamar matrimonio a estas clases de unión familiar, ya lo sabéis, que lo dicen quienes todo lo saben aunque no sepan nada o hagan como aquel otro que también inventó cierta frase que quedó para la historia:..., de entrada, no) por la vía civil o simplemente llevar una convivencia feliz sin ataduras de ninguna clase. ¡Ah, y una boda sencilla, nada de barullos de gente a la que o bien una o bien otro no conoce, y a la que le importa un bledo lo que pueda suceder una vez pasado el banquete y la cogorza de rigor!
Pero, bueno, todo se andaría. Se lo diría el día menos pensado. Antes, tenían que conocerse mejor.

¿Qué os parece' El lobito y el cuento de la lechera, oye. Ya verás como sucede algo o viene alguien que lo echa todo a perder.

En el baño dejamos a ambos personajes, impregnados del aroma de las rosas y del Xanel-Gardenia número Cero Treinta, porque...¿qué fue de Felisa?, ¿y de la Srta Fdez. del Río?.

Pues bien, ésta ya había montado a la futura adolescente, a la cual, aunque un poco nerviosa, se la veía feliz y con cara de encontrarse a gusto una vez realizada la operación, y, aunque aquellas cosas no acontecían a diario, no por ello dejaba de disfrutar de un momento tan dulce. Su madre no le había explicado nada acerca de estas situaciones y menos aún su padre, para quien la educación de los hijos corría a cargo de la esposa, como casi todo lo referente a poder vivir, a no ser el dolce far niente que él practicaba junto con sus amigos sin tapujos, a la vista del pueblo y sin importarle las comidillas maledicentes de la gente sin escrúpulos que lo criticaban, por pura envidia.
A la Srta. Fdez. del Río no le había costado mucho convencer a la jovencita para que se dejase hacer y ella, angustiada por el miedo a llegar tarde a la cita con su abuela y a la cita con sus amigas, desconocedora en su no ya tan tierna infancia de los métodos más seguros para evitar malos mayores, confió total y absolutamente y se entregó por completo a los consejos de aquel bicho hediondo, que hizo lo que quiso con ella con tal de él estar más a gusto con ella encima.

(¡Oigan oigan! ¿Qué estarán pensando ustedes en estos momentos, mentes depravadas, ante el párrafo anterior? Cualquiera lo sabe, pero sepan que para mí no existen las segundas intenciones en temas infantiles: lo que hay, es lo que hay; lo que es, es; y lo que será, será, o casi, depende de las circunstancias. Así que dejen de pensar mal, coño, que esto no es una página XXX ni admite descargas ilegales, que me la cierra la sinun dedo de frente).
Y como no quiero seguir alimentando sus lascivas intenciones, cierro este capítulo para que cambien ustedes el chip. Mañana, el 13.
Disfruten del día y léanse a Blancanieves que, viviendo sola con siete hombretones en el bosque, no por ello dejó de mantener su pureza hasta que llegó la madrastra y le endilgó el trozo de manzana.

domingo, 4 de abril de 2010

FELISA (Capítulo 11)

(Del baño del lobo)
-En el capítulo anterior, es decir, el 10, para quien no lo haya pillado aún, el asunto estaba así:
-la abuela bañaba al lobo-con esto queda suficientmente explicado, creo, el tema principal del capítulo anterior, pero por si acaso lo completo:
-las mentes calenturientas a saber qué pensaban.
Sigamos.
El caso es que los extremos de las extremidades superiores de la abuela (para acabar pronto y eliminar cualquier duda, las manos) se deslizaron lenta, lentísima, lentísimamente (¡de qué fuerza de voluntad tuvo que echar mano para evitar que se desplazaran a izquierda o derecha, madre mía!) hasta que llegaron a los pies del lobo. Los tenía destrozados de tanto caminar por un monte que estaba totalmente abandonado por la Administración.
(El medio ambiente era un tema que aún estaba en pañales, todo andaba manga por hombro, y las obras públicas se retrasaban debido a la falta de acuerdo entre el señor y el contratista sobre todo en el tema de las comisiones. Acordaos de que el puente del río aún estaba sin arreglar y de los apuros de la niña para llegar con la comida hasta su dulce abuelita, lara, lara, larita. Como los señores del castillo pasaban del tema, pues ellos cruzaban a caballo y conocían el vado, les daba igual el estado en que se hallara)
Hacía muchos años que -dedicadas casi exclusivamente durante los últimos tiempos a vigilar a los cazadores furtivos que estaban acabando con la población de zorros, especie ésta muy solicitada por la clase noble del país para sus cacerías- ninguna patrulla forestal había limpiado los caminos de zarzas, ortigas, helechos, tojos, etc., que crecían a un ritmo frenético debido a que los últimos meses, los más lluviosos de la década, habían hecho de aquelos parajes silvestres una maraña por la que era casi imposible pasear, una verdadera selva virgen. (El adjetivo no tiene ninguna finalidad escabrosa, por Dios, por favor, tened piedad, no os paséis).
Es decir, comentaba antes, el lobo tenía las patas normales y el monte era un monte como es debido.
Y en la bañera, bien es verdad que en su recorrido aquellas arrugadas manitas... (en diminutivo para quedar bien, pero en realidad parecían los guantes de cocina de la Ogra Gigante del Zoo del Rey, cazada con un lazo ilegal en los montes de Tenmiedo, que llevaba varios días encerrada bajo llave, totalmente salida después de enterarse de lo de Paca, Tola y Furacu, para evitar su monta y posible reproducción antes de la llegada del Ogro de Ojos Rasgados que se hallaba en camino.- Y es que en el castillo había cada virulillas, de esos que no le hacen ascos a nada, que daba pavor pensar en lo que discurrirían con el pobre animal -¿con la pobre animala para que Aido no se enfade?-
La Ogra Gigante, parienta lejana de la estrámbotica y rarísima Yeta del Tíbet (en femenino, eh, "Yeta, no Yeti", que me riñe la ministra de Igual-dá so que arre), lo estaba pasando muy mal y se sentía la hembra más desdichada del mundo, pues su corazón pertenecía al juglar del castillo vecino y, en cambio, la iban a obligar a cohabitar y algo más con aquel desconocido. Pero ésta es otra historia.
Ya estuve otra vez dando vueltas.
...Decía que aquellas manitas tuvieron que pasar muy cerca de determinados lugares de cuyo nombre no quiero acordarme, y no os parezca mal, que a Cervantes también se le olvidó de donde era D. Quijote y nadie dice nada. (Y no es que yo quiera compararme con él, Dios me libre, ni se me pasa por la cabeza, pero lo que está escrito, ahí está y es irrefutable, a no ser que un juez diga lo contrario, que también puede pasar.¡Buenos son ellos ! ¡Pobre Manco de Lepanto! Sólo faltaría además que algún erudito con ganas de marcha quisiera que su nombre saltara a la palestra y saliese afirmando que, después de sesudas investigaciones, aquel hecho de no acordarse de los nombres demostraba sin lugar a dudas que Cervantes, cuando escribió su novela, había comenzado a dar síntomas de senilidad o de Alzheimer, y por eso en su capítulo tal y en su capítulo cual sucedía tal y cual cosa, y que... Lo demás no lo contaría de buenas a primeras, porque esperaría a vender la exclusiva al mejor postor y luego iría de plató en plató soltando todo tipo de imbecilidades razonadas, a cual mayor y más estúpida, para asegurarse un futuro en las tertulias televisivas y, incluso, podría participar invitado- cobrando su buena pasta- en programas culturales de alto nivel del tipo de Mira quien baila o Gran Hermano. ¡Y es que hay tantos en las teles que es literalmente imposible listarlos!
Pero bueno, no sé a qué viene esta parrafada que nada tiene que ver con el cuento. Perdonen ustedes... y vuelvan mañana porque el capítulo llegó a su fin.
Un saludo, disfruten del domingo y sean felices.

sábado, 3 de abril de 2010

FELISA (Capítulo 10)

(De como la viejecita baña al lobo)
La abuela le enjabonó el cuero cabelludo a conciencia.
Mientras, el lobo se dejó ir, se relajó y su cuerpo se convirtió en una marioneta al servicio de la titiritera, que lo movía hacia adelante y hacia atrás a su antojo.
El agua comenzó a adquirir un color grisáceo a causa de la cantidad ingente de suciedad que llevaba encima; se podían ver flotando algunas ladillas y muchas de las orugas procesionarias que se le habían adherido a la piel cuando había estado oteando a Felisa desde el enfermo pino de marras, para el cual ninguna ONG pedía ayuda, sabiéndolo como lo sabían y a pesar del alto grado de epidemia que azotaba toda la zona. (¡Ay, si fuera una gripe A, B, C,..., X, Y, Z cualquiera!. Ahí, ya no las ONG, pero sí entrarían a todo trapo las farmacéuticas con todo su poder para hacer que la OMS detectara una pandemia donde sólo había una pequeña gripe. ¡Pero la pela es la pela, bueno, el euro es el euro!-
Perdón, esto último está fuera de lugar, ya que aún no había moneda única europea, ni se habían inventado organismos como la ONU, ni la OMS, ni la UNESCO, ni la gripe del abecedario, ni nada por el estilo que los mandamases, siglos más adelante, echaron a funcionar para, en principio lavarse la cara, y después poder expandir su poder por todo el mundo conocido y por conocer, deshaciendo cuantos entuertos les convenían de acuerdo con sus objetivos económicos. Lo siento, fue un lapsus y espero que no me lo tengan en cuenta, pero, como ya está escrito, incluso lo de la ONG, tampoco era cosa de emborronar la hoja.
Al cabo de una media hora, la bruja, es decir, la suegra de la madre de Felisa, lo mandó levantarse, abrió el tapón del desagüe y, una vez libre de cortapisas, la hedionda agua, junto con las partes sólidas acumuladas sobre ella, se sumió por la tubería que, instalada estratégicamente, iba a regar el huerto y alimentar las plantas que la hacían soñar en forma de porros bien liados con una maquinita que vendía a buen precio la Compañía Estatal de Tabacos (propiedad del señor del Ducado Negro del Rubio Güiston). A continuación volvió a rellenar la bañera, volvió a mater al lobito bueno (más bien amongolado) y volvió a enjabonarlo de arriba a abajo.
Antes de comenzar con el frota que frota ( aún no se había inventado el Güuip Esprés y el frotar se va acabar no había entrado tampoco en funcionamiento), fue a su armario de baño y sacó un frasco que derramó enteramente en el agua. Automáticamente, se desprendió del líquido elemento un olor a rosas que hizo que el lobo inspirase honda y repetidamente por sus narizotas con tal gesto de felicidad que para qué queréis que os cuente, si os daría más pena aún. ¡Un animal libre y salvaje como él, convertido en un títere de pacotilla! (Ya dejé caer antes que estaba como tonto en vísperas, el pobre, desconocido del todo.¡Quién lo ha visto y quién lo ve! No lo reconocería ni su madre. ¡Ay, Señor, Señor, a lo que llegan algunos!)
Luego, para acabar de cagarla, porque ya me diréis qué pinta un lobo oliendo el aroma de las rosas, vaporizó el ambiente con su perfume Xanel-Gardenia número Cero Treinta comprado en París por el Arriero Oficial del Reino, que hacía la ruta Reino- Bosque- París- Bosque- Reino desde hacía varios años introduciendo las últimas creaciones de aquella ciudad del lujo en sus propia tierra. Ni que decir tiene que estaba forrado a cuenta de ello.
Cuando la abuela se percató de que su querido pequeño inspiraba aún más fuerte para que su pituitaria admirase y participase también de aquel perfume, al ver el estado de profunda y maravillosa concentración del animalito, se le escaparon dos grusos lagrimones de alegría y su cara adquirió tal gesto de dulzura que para sí quisiera un tocinillo de cielo.
-¡Qué buena soy-pensaba-. Pero, venga, hay que dejarse de pamplinas y al tajo que, si no, no acabo nunca.
Nuevamente comenzó por la cabeza y, poco a poco, sus manos fueron recorriendo el tronco animal hasta que, llevadas por la inercia, y a pesar de tantos años a palo seco, renunciando a la vergüenza que aquello pudiese suponer, tal vez porque lo que hay es lo que hay, y a falta de pan, buenas son tortas, pues se deslizaron lenta, inexorable y sin ningún miramiento hacia abajo, hacia...
¡Ay, ay, ay, picarones! (tres repeticiones, qué fastidio, pero el asunto se las trae y bien se los merece).
-Con lo de picaronas me refiero, como seguramente habréis ya imaginado, a esas personas de mentes calenturientas que en este momento me están acusando de pornográfico y pervertidor de criaturas inocentes; esas mentes depravadas, lectoras ávidas de cuentos infantiles del estilo del presente, que sacan punta a cualquier situación por tierna que sea. ¡Por Dios, seamos serios y no prejuzguemos!
Se acaba el capítulo de la decena. Pero, como ponen en algunas series de TV, ..." continuará".
Disfruten del fin de semana y pásenlo bien.

viernes, 2 de abril de 2010

FELISA (Capítulo 9)

(De cómo el lobo se va a encontrar metido en una bañera)
La abuela todavía andaba embebida en sus recuerdos, mientras traspasaba la puerta del baño con el lobito; en su mente aún se entretejían los recuerdos de aquella noche, hacía ya muchos años, en el pajar del arriero de La Encrucijada.
Cuando despertó, con las ropas tiradas por todas partes menos sobre su cuerpo, a su lado no había nadie; no obstante, su cara reflejaba una satisfacción difícil de explicar. Habían sido días. meses y años de perseguir un objetivo que por fin había llevado a buen término. No le importó que Sreekh XIII hubiese desaparecido. Nunca más lo vio. (Yo, personalmente, me lo imagino despertando resacoso junto a aquel esperpento: seguro que a día de hoy aún sufre alucinaciones y se ha visto en la necesidad de visitar de vez en cuando alguna clínica psiquiátrica convencido de que sufre pasajes anormales de personalidad después de haber hecho lo que hizo; y más aún, viviendo como vive en un ambiente tan frívolo y sinsentido como es su lugar de trabajo).
La abuela, como por un ensalmo, consecuencia de sus recuerdos, se vio a sí misma cuando ya le decían que iba a quedar para vestir santos y como a los dos meses de la aventura henil su barriga empezó a adoptar una forma especial, y sus vómitos y mareos matinales se fueron haciendo cada vez más frecuentes, sabiendo que el motivo ni era el exceso de comida ni las malas digestiones. Así lo confirmó el hecho de que a los ocho meses, tres semanas, seis horas, cuarenta y tres minutos y...(por más que lo intentó, el número de segundos se había borrado de su cabeza, pero no le dio importancia porque en ese instante el lobo era el asunto primordial) parió un niño que era la viva imagen de su padre, cagado y pintado a él, al atractivo Sreekh XIII. Pero aquello quedaba tan atrás... (y el degenerado de su padre no había dado ni un paso para conocerlo, aunque sólo fuese para pasarle una pensión, que bien podía haberlo hecho con la cantidad de dólares que se había embolsado en Jólivu. Pero, a fin de cuentas, a lo hecho, pecho; aquel revolcón en el pajar no se lo quitaba nadie.)
Al llegar a la bañera de plomo de ley, dio un manotazo al aire y espantó todas las imágenes del pasado para centrarse en el futuro que se le avecinaba, o que ella pensaba que se le avecinaba. Cogió los cubos de agua que siempre esperaban pacientemente un día sí y otro también al lado de la cabecera dispuestos para el baño y semillenó la bañera. Luego miró a su querido enamorado y cabecita loca, con cara de pamesta gigante y bobalicona, y, con suma cautela para que no saliese de su extraño encantamiento, lo animó a meterse en el agua.
Al lobito le dio un poco de vergüenza tener que quedarse en pelota picada delante de ella, pero, embrujado por la belleza de la mujer que le sonreía enseñandole unos colmillos semejantes a los de él, estaba dispuesto incluso a quitarse la pelleja, si se lo pedía, aunque ello le supusiese tener que afeitarse el cuerpo entero.
La "bella ancianita", que era consciente de los apuros que estaba sufriendo, lo soltó enseguida y lo dejó antes de que fuese demasiado tarde y se volviese atrás.(El lobo nunca en su vida se había rasurado, ni depilado siquiera alguna de sus partes) Y ella, que temía por su falta de experiencia dejarlo como un eccehomo, tampoco estaba en aquellos momentos para ello. ¡Cómo para que acabase desangrado en su propia casa! ¡No tenía ella gana ninguna de investigaciones policiales"¡Sólo faltaba que le desubriesen en el huerto tras de casa su maravillosa, exhuberante y cuidada plantación de marihuana que le alegraba el día a día entre tanta vulgaridad como la rodeaba en aquel bosque de las narices donde el autor del relato la había mandado a vivir!
-No te preocupes, mi sol,- le susurró zalamera y amorosamente- no pases apurón, ni vergüenza ni miedo ninguno que está aquí tu mamaíta para cuidarte. Ya verás que bien lo vamos a pasar. Tú métete en la bañera tal como estás, que te voy a enjabonar.¡¡¡Y POR TODOS LOS SITIOS!!!¡¡¡ ¡¡¡QUE TE VOY A DEJAR HECHO UN CROMO!!!- (¡Ay, madre, ¿en qué estaría pensando la paisanina para decirlo con tanta exclamación?!)- A saber cuándo fue la última vez que te viste en una de éstas. Te voy a dejar pulido, más que pulido. Cuando acabe contigo, no te vas a reconocer ni tú mismo.
El lobo calló, aturdido por aquella voz estruendosa que denotaba un carácter fuerte como nunca había conocido.
Entonces, ella empezó por la cabeza.
Y capítulo 9 a pique, acabado y hundido. Mañana más, a no ser que hoy mismo por la tarde....
Pásenlo bien. Viernes Santo, santo día de para disfrutar.

jueves, 1 de abril de 2010

FELISA (Capítulo 8)

(De cómo de un cuento aparentemente infantil se pueden extraer pensamientos morbosos)
(Atención, a partir de aquí, y hasta nuevo aviso, se comunica a las familias responsables que algunos pasajes pueden herir la sensibilidad de los niños muy espabilados; por ello se recomienda que no se les deje leerlo solos, sino acompañados de sus parejas, que todos sabemos lo que son estas cosas, o bien en presencia de algún adulto instruido que les pueda dirigir y explicar el verdadero sentido de las palabras en un contexto como el actual).
La abuela había tomado de la mano al lobo enamorado.
-¡Vaya chollo que me salió! A mi edad, esto es un regalo del cielo-A la viejecita, mientras a su cara asomaba una expresión de tremebunda posesión sobre aquel ser indefenso, la situación le ponía los dientes largos sólo de pensarlo- aparte de que tal expresión iba a tenor de sus protuberancias maxilares- y un gesto de fiereza se dibujó en su cara a la vez que echaba un vistazo a su alrededor por si alguien se atrevía a disputárselo.
-Anda, pasa, mi queridín- le dijo ella cariñosa al tiempo que lo conducía hasta la puerta de casa. Antes de entrar, volvió a escudriñar los alrededores y la entrada del bosque para asegurarse de la inexistencia de cualquier otro ser vivo, aunque ahora más que nada por el qué dirán, que no tenía ganas de ser la comidilla del contorno. ¡En los pueblos pequeños, ya sabéis, tira uno un pedo y lo huelen todos!
A continuación cruzó el umbral apoyándole la palma de la mano derecha en el lomo para animarlo y que no desconfiase, aunque el animal aún no había salido de su ensimismamiento y, estoy seguro, no se alteraría lo más mínimo ni aunque lo disfrazasen de oveja Dolly.
El animalito, una vez dentro, y a pesar de la suciedad que envolvía todos los rincones, seguía sin decir palabra. Su cara, en la que de animal feroz y sanguinario no quedaba nada, era la de un panfilo subnormal (adjetivo usado entonces para estos casos y que hoy se ha sustituido por el de discapacitado psíquico, sin ánimo de polemizar) al que se le podía presumir, sin lugar a dudas y con sólo echarle un vistazo superficial, su incapacidad temporal de ver más allá de la cara de la abuela...Aunque muchas veces las cosas dan tantas vueltas...
La vieja arrastró a su chollito enamorado escaleras arriba. Su nerviosismo iba en aumento y no estaba dispuesta a perder ni un solo segundo.
Ella ya no se acordaba de la última vez que alguien se había mostardo así con ella. Bueno, sí se acordaba, pero casi nunca rememoraba la historia.
¡Ay, su maravilloso Sreekh XIII! Era un caballero de décimotercera generación apuesto como un galán de teatro. Sabía que no era para ella, pero en cuanto lo veía, su corazón destilaba tanta pasión que le era imposible olvidarlo. Sólo pensaba en comer a todas horas- se había puesto como una Obélixa cualquiera- y bañarse en la alberca de los cerdos- hedía tanto o más que su adorado Sreekh- esperando llamar algún día su atención.
Y aquella noche, ¡jo, qué noche!
Había ido con una de sus amigas hasta Llamurgueiro, que celebraba la fiesta de su patrona. Era la mejor romería de la zona. recordaba que, entre las actuaciones principales, además de circo, que lo hay en todos los sitios, actuaba Vitomael, el trovador de moda por una canción que encandilaba a las parejas y las hacía bailar al ritmo de las plantas de maíz mecidas por el viento. A mitad del concierto, su amiga se había ido con su novio a comprobrar el movimiento del maíz y ella se había quedado sola. No le importó, ya le había sucedido en otras ocasiones; esperó hasta el final, más que nada porque no tenía otra cosa que hacer, y luego se encaminó hacia la Taberna del Furtivo donde había quedado para regresar a casa. Por el camino, en un recoveco del camino, tras un carro cargado de hierba seca, junto a unas matas (con minúscula, eh), el presidente de la comisión de fiestas pagaba en dinero negro al trovador, que así esquivaba los impuestos que regían para dichos espectáculos desde hacía más de dos años. Ella fue testigo de la operación, pero no se molestó en denunciar nada: sabía que todos lo hacían y que cuanto más altos estaban en el escalafón social más grande era la cantidad, de la que retraían prudentemente una porción para los jueces amigos y conchabados con muchos de aquellos personajes famosillos.
El caso es que siguió hasta la taberna. Allí se encontró con Sreekh, que se había pasado cuatro pueblos con la leche de burra, hasta que le dio por probar una bebida espiritosa hecha de zumo de manzana dejado fermentar durante unos meses y que ofrecía gratis, en plena campaña de lanzamiento al mercado, un misterioso y emperifollado hombretón (por gordo, no por alto) que llevaba unas antiparras, el cual, con voz meliflua, animaba a los clientes no sólo a probarla, ya que además deslizaba en el oído de la gente su intención de presentarse para las próximas elecciones, animándola a votarlo y desbancar así del gobierno de la comarca al representante oficialista del señor de la villa.
Cuando Sreekh se acercó a por el vigésimo segundo vaso de aquella bebida, que echó al estómago de un solo trago, oyó como el pérfido y zalamero político le susurraba a su adonis promesas sobre hacer un puerto en el río, prohibir la caza y la pesca de salmón al vulgo, montar una cadena de comida rápida típica de la zona - bocadillos de chorizo, tortilla de patata y manzana asada- con dinero público que podían administrar entre los dos, e incluso le murmuró algo sobre hacer de aquella tierra un fututo plató natural para jóvenes artistas, en el que habría que invertir algún dinero y luego aportar algunas subvenciones, pero que no todo tendría por qué llegar a las manos que debían de llegar.
Ella, mientras, no dejaba de mirarlo con un embeleso que le hacía babarse sin darse cuenta de que estaba poniendo perdido el cuello de su camisa. Incluso cuando ya no se tenía en pie y el hombre del zumo de manzana espiritoso no le hacía ya ni caso porque no había ni donde colgar un candil, ella le seguía sonriendo como una tonta del bote, pero sin atreverse aún a acercarse a él, que en esos momentos no conocía ya ni a su padre.
Por fin, al cabo de una media hora (no lo sabía con seguridad porque el reloj que llevaba no tendría pilas hasta bastantes años más tarde) lo vio apoyado contra la pared del fondo y empezar a deslizarse lentamente por ella hasta el suelo donde quedó tal cual, con la cabeza inclinada hacia adelante y las piernas torcidas en una posición inverosímil , mientras de su boca se descolgaban finos hilos de vómito.
Aquella fue su oportunidad, la que siempre había esperado. Era verdad que él nunca le había hecho ni puto caso, pero esa noche...
Se acercó hasta él, le limpió la boca y la barbilla y lo ayudó a levantarse; luego le agarró por la cintura con el brazo derecho y, poco a poco, lo fue arrastrando fuera de la taberna. Nadie se fijaba en ellos, ¿qué podía haber de interesante en un borracho y una chica enamorada?
Y, señores, que se me acaba otro capítulo. Esto no sé donde va a dar, pero todo se andará.
Sean felices y disfruten del día.