domingo, 25 de abril de 2010

FELISA (Capítulo 21)

(De cómo Felisa se maneja en el agua)
Y mientras el lobo y la dulce abuelita seguían a lo suyo, Felisa...
Pues Felisa, cuando cayó al agua, como es lógico en estos casos, lo primero que le sucedió fue que se mojó hasta los huesos, y segundo, que se hundió irremesiblemente ya que sus dotes de nadadora no eran precisamente las de un Phelps o una Coughlin, ni siquiera las de aquel egipcio que se salvó cuando las aguas del Mar Rojo se cerraron sobre el faraón.
Aunque la Biblia da a entender que todos cuantos perseguían a tonta y a locas al pueblo elegido perecieron, a este egipcio, al cual me refiero como punto de comparación con las cualidades natatorias de Felisa, no lo contaron porque había llegado el último para cruzar por el vado debido a una indisposición intestinal transitoria y pasajera que lo había retrasado y sólo se había llegado a adentrar unos metros, por lo que pudo retornar a tierra de unas brazadas, tocando con los pies en suelo, antes de que el muro de Hache Dos O se cerrara sobre él. Lo que pasó fue que, por miedo a ser tachado de cobarde dejando a su suerte a todos sus correlegionarios ante el enemigo- que corría más que un galgo detrás de una liebre y poco tendrían que hacer ante semejante formación bélica- y ser ejecutado, al estilo "aquí te cojo, aquí te mato", sin juicio sumarísimo ni consejo de guerra ni hostias en vinagre que se le asemejase, por el subfaráon, o quien quiera que fuese el que hubiese quedado al mando ante hechos tan luctuosos- nunca fueron admitidos como genocidio, por ser dios quien es-, se echó al monte (al desierto, vaya) y vagó y vagó por él hasta que, por obra de a saber quién, fue descubierto por unos beduinos que lo acogieron en su tribu.
Cuando se dieron cuenta estos bondadosos habitantes del desierto de la presencia de este sujeto, su aspecto era desaliñado, rojo como una langosta recién cocida, desharrapado, sin peinar ni lavar a saber desde cuándo, oliendo a sudor que tiraba "p' atrás", cubierto de mugre y de arena hasta tal punto que bien se le podía comparar con el lobo del cuento, diciendo frases inconexas acerca de la fuerza de las aguas, cagándose en la madre que lo parió al faraón por lanzar a sus ejércitos a cruzar el mar sin haber participado con anterioridad en algunos cursillos de natación en las piscinas palaciegas, echando pestes por la boca contra el ente al que se le ocurriera hacer una carnicería de tal magnitud con sus hermanos egipcios, pidiendo agua, por favor, y algo de comer que su estómago protestaba de tal manera que estaban a punto de aparecer sus ruidos como sinónimo de "oposición a un gobierno" en la Academia Real de la Gastronomolexicología y de la Opípara Comida.
Los pobres beduinos, ante aquel dechado de virtudes, lo recogieron y lo llevaron hasta donde tenían levantadas sus tiendas. Lo dejaron al cargo de varias mujeres que se encargaron de reciclarlo y convertir aquella piltrafa en otro hombre.
Se casó con una de aquellas que lo atendieron, enjutas y secas, morenas sin falta de usar máquinas de rayos uva o de ninguna otra fruta que le parezca, pero bellísima- la esposa que había dejado en Alejandría ya se arreglaría ella sola, que bien que lo sabía hacer cuando convivía con él y con quien estuviese cerca mientras él se batía en campañas militares sin cuento ni por qué-, con la que engendró cuatro hijos y tres hijas (no tuvo más porque porque en un arranque de furia, al enterarse su segunda esposa por casualidad a través de un conocido, que hacía la ruta Alejandría-Campamento de Tiendas, de la bigamia en que había caído, le cortó en una noche simulada de pasión lo que para el hombre eran sus atributos más queridos y con los que- dicen- piensa y razona sobre hechos trascendentales de su existencia).
de su descendencia hasta nuestros días nada más quedan borrosos retazos, y recuerdos más bien sometidos al encumbramiento engañoso de la familia ansiosa por dejar al hombre en buen lugar, y una gran empresa dedicada a la compra-venta de petróleo e ideas políticas de ámbito local, comarcal, regional, nacional, supranacional e internacional, con cuentas secretas en paraísos como las Islas Tahímismo, Sí-ho y PararáPachín, además de negocios de aspecto tenebroso con los gobernantes de turno de cualquier país del mundo que se halle necesitado en algún momento delicado de que le echen una mano para engañar como a pininos a sus conciudadanos.
¡Es extraordinario lo que da de sí una indisposición intestinal pasajera y transitoria!
Si no fuera porque os lo digo yo para que no os engañen, a alguno de vosotros lo habrían mediatizado explicándole el caso como un milagro por parte de alguna megaempresa de ideas que le contaría el hecho como algo relacionado con la palabra de dios, del dios del dinero.
¡Ya podéis agradecérmelo!
Mientras pensáis en cómo hacerlo, se acaba el capítulo y, por si no quedó claro en capítulos anteriores, espero que tengáis un día maravilloso, como los del resto de vuestra vida.

viernes, 23 de abril de 2010

FELISA (Capítulo 20)

(De cómo al lobito lo dejan "pelao")
El caso es que, una vez acomodado el primo lejano de nuestros amigos los perros sobre la dura, aunque flexible, camilla de madera de chopo, y con una pequeña almohada para reposar la cabeza, la madre del padre de Felisa le hizo de todo: le susurró palabras cariñosas para que se sientiera a gusto, le acarició zalameramente las mejillas, le dio un casto beso en la frente, le masajeó aquellos desastrados pies llenos de callos y, por fin, cuando lo vio que se había relajado totalmente y se hallaba en estado cuasi catatónico, con una expresión beatífica próxima al misticismo oriental, sacó la maquinilla de afeitar (no le vi la marca, pero puedo afirmar con rotundidad que no era Bic, ni Wilkinson ni Gillette) y el jabón del chimbo y, ayudada de la pequeña brocha que usaba habitualmente para espolvorear sus mejillas los días de fiesta, comenzó a enjabonarlo para luego, con suma dulzura, depilarlo desde las cejas hasta las puntas de los dedos gordos de los pies.
El lobo había permanecido quietecito durante todo el rato. Se sentía incapaz de negarle nada a aquella barbera cuyo perfil encarnaba el más profundo de sus deseos amatorios. Durante el tiempo que estuvo boca abajo, no puedo dar fe de que no se durmiera incluso; pero mientras estuvo boca arriba, aunque en estado semiletárgico, no apartó los ojos de sus partes pudendas por si, al llegar allí, se le fuese un poco la mano y cortara más de lo debido. No fue así.
Cuando la abuela acabó, viendo el magno resultado de su obra peladora, no dudó en pensar en el ser extraordinario que tenía ante sí, aquel ejemplar macho que se presentaba como un dios del bosque para delicia de sus sentidos.
-"¡Mi dulce y querido metrosexual - murmuró-, a ti no te suelto yo ni aunque me garanticen a cambio una primitiva de seis aciertos!"
Ni siquiera se inmutó cuando el jabón, la brocha y la cuchilla se deslizaron de sus manos y fueron a acompañar en el suelo a la otra pastilla de jabón de olor que había usado para bañarlo; en aquel instante su cabeza no estaba para pequeñeces semejantes, tal era su comprensible embobamiento derivado de su mínima y relativa experiencia en aquellas lides.
No podía imaginar que aquellos descuidos iban a ser fatales con el paso de los minutos.
Verdaderamente, a bote pronto, al lobito lo había dejado "planchado", vaya.
¡Que Beckham ni Verdasco ni Brad ni Cristiano! Si algún publicista lo hubiera visto, ya nos toparíamos hoy con grandes cartelones y vallas publicitarias en nuestras calles con imágenes de la Espiz, de la Jilton, de la Amiminiñaquenomelatoquen o de la Saraprobe con uno de ellos, a cambio de un cheque con varios ceros, y un lema, algo así como MIRANOS: PON UN LOBO EN TU VIDA. MOLA, ES GUAI., que, seguramente, entrañaría más de un problema para todos cuantos no lo pusieran o no miraran para ellas. ¿Y para el Gobierno? ¡¡Puffff!! ¡Tampoco se iban a alzar voces pidiendo la igualdad y el derecho a voto de los nuevos inquilinos de nuestras ciudades! ¡Ecologistas de medio pelo que lo perderían todo siguiendo el ejemplo clarificador del ejemplar de la abuela; progres presuntuosos de toda la vida, de los que nadie se acuerda, pero que se lanzarían, cual Indiana Yons, a la búsqueda del escaño de oro; asociaciones de nueva creación en defensa de los derechos de los lobos, amparándose en cualquier artículo de nuestra obsoleta constitución, más vieja en términos de comparación relativa que la bisabuela de la abuela de Felisa, por mor de que tiempos pasados nunca fueron mejores- habría que obviar a determinados personajes y grupúsculos retrógrados que aún pululan en nuestros días queriendo imponer a sus congéneres frases del tipo "arribaespañaotemandoalparedón"; la iglesia, que aprovecharía la coyuntura para arrimar el ascua a su sardina e intentar aumentar así el número de feligreses, el tanto por ciento de la casilla de la declaración, amén de los dineros sólidos y terrenales estatales que se diluyen como azucarillos en bien de ciertos bienes espirituales que se pasan por la entrepierna si es a ella a quien afecta, o en aras de buscar cobijo a nuevos infantes bajo las sótanas de la intrasigencia y del disimulo, y así un largo etcétera.
Llegaría el asunto al Congreso y al Senado donde, a falta de otros asuntos de más envergadura y calado para los ciudadanos, se enzarzarían en trifulcas incomprensibles sobre las consecuencias de conceder tal derecho al voto a estos nuevos pobladores de nuestra geografía otorgándoles el status correspondiente a su condición. Si en las encuestas y estudios previos la intención de voto fuera favorable al pesoe, al pepé o a cualquier nacionalismo influyente en la gobernabilidad de la sociedad, no habría problema para concedérselo y cambiar la Constitución (entonces sí, pero sólo eso, eh, dejad lo demás, que supone mucho trabajo; a lo mejor tendrían que cumplir con su obligación de asistir a las sesiones de ambas cámaras cada vez que se convocaran y no están ellos para estos rollos); pero, si no lo fuesen, entonces los lobos se verían relegados a meras comparsas como mascotas más o menos originales, que competirían en concursos organizados con fondos públicos para ver quién iba mejor ataviado, e incluso se les trataría en ocasiones como a un sin papeles cualquiera, aunque haciendo la vista gorda por el qué dirán, pero que no evitaría la saturación vacacional de las loberas.
Eso sí, sus dueños también estarían autorizados a pasearlos por las calles, llamarles bonitos y presumir ante sus amistades y conocidos/o no conocidos de las altas capacidades que atesora el animalito, dejar que hicieran sus necesidades sólidas y líquidas donde más les apeteciera para que los peatones en su conjunto se tornasen cabizbajos de tanto esquivar plasta en las aceras e incapaces de levantar la mirada y protestar ante hechos deleznables muchos más gordos ("si no son capaces de regular y hacer cumplir normas básicas higiénicas, ¿cómo van a resolver asuntos más serios que huelen aún peor?").
Esas fuerzas defensoras del voto lobuno implicarían al defensor del pueblo, el cual decidiría en función de su apego al cargo y a quien lo nombró, que allí se vive muy bien y no es cosa de joderlo todo por un lobo más o menos.
Habría algún exaltado que llevaría el caso al Tribunal Supremo o al Constitucional, confiando en su más absoluta independencia, pero poco podrían esperar de su decisión que, además, se alargaría en el tiempo probablemente hasta que la moda de los lobos hubiese pasado a mejor vida y ya no hubiese nada que alterara la perruna vida de los demás mortales- a no ser que volviesen las vallas publicitarias con, por ejemplo, PON UN CANGURO EN TU VIDA: TE LLEVARÁN DONDE QUIERAS SIN FALTA DE GASOLINA, lo cual nos llevaría al siguiente atolladero constitucional o no.
Y es que en esos tribunales da la sensación de que los papeles no se mueven sin el visto bueno de los de siempre, que son elegidos por los mismos de siempre, que quieren mandar en los de siempre, a los que tergiversan y demagógicamente enrollan siempre, para que siempre les den la razón. Y por más papeles que se manden, desestimado el recurso siempre.
En fin, en un caso o en otro, tengan voto o no lo tengan, ¡pobres ovejas con tanto lobo suelto!
Y por hoy, queridas y queridos amigas y amigos (que se note que entiendo esto del género y del número) os dejo. Mañana será otro día y volveremos a la carga. Entretanto, sean felices y vivan con la sonrisa permanente en su rostro.

martes, 20 de abril de 2010

FELISA (Capítulo 19)

(De cómo la abuela seca al lobo)
La desdichada niña había caído al agua. Mientras esperamos que suba a la superficie, bien viva, con lo cual nos enteraremos por sus gritos, o bien muerta, con lo cual también nos enteraremos porque de eso me ocuparé yo, vamos con lo que sucede en esa linda casita con jardín del claro del bosque.
Allí habíamos dejado a dos seres digo yo que felices; en la plenitud de la vida, uno, y esmirriado, pero limpio como una patena, el otro, que dejaban vagar sus pensamientos cual pétalos durante un huracán de fuerza seis o siete, aunque ocultos al otro por temor a una negativa que podría ahondar aún más en su creencia de considerarse un lastre para esta sociedad y acabar con expresiones profundamente hirientes para cualquiera que los tenga en muy alta estima (valgan como ejemplo alguna de éstas entre las más comunes: Ya no valgo nada, Ya nadie me quiere, En este mundo no pinto nada, Mi vida no tiene sentido, Qué va a ser de mí sin ti, Juro ante Dios que jamás en mi vida volveré a pasar hambre, Que la fuerza te acompañe, etc)
Una respuesta no esperada podría dar con ellos en un manicomio, en algún programa del tipo de La Isla o semejante, o, lo que sería infinitamente el peor de los males por su sentimiento de ineficacia, en una lista electoral al Senado del país (esto último habría que evitarlo de cualquier manera: ¿os imagináis a la abuelita sentada en un escaño al lado de nuestro querido Fraga? ¡Uf, qué apuro para los cámaras de tv cuando tuviesen que grabar!
Pues bien, mientras mi mente divagaba por el Senado, la abuelita había acabado su labor de higiene y su pulso de aceleró ante lo que llegaba ahora. El jabón se le cayó de las manos resbalando un par de metros, pero ella no se percató siquiera porque estaba ayudando a izarse al animalito.
Cuando lo vio ante sí, lo envolvió recatadamente en una toalla suave y esponjosa, con aroma a jazmín. Lo secó con una pulcritud que tal vez alguien considerase excesiva, pero no dadas las circunstancias, y luego lo acercó y lo acostó en una mesa, una especia de camilla que se había construido hacía años con sus fuertes manos con el fin de tomar el sol tumbada tranquilamente.
Eran pocos los días que disfrutaba de aquellos rayos ultravioleta que habían dejado su piel apergaminada y llena de pecas.
Rodeada de sus plantas especiales de "papaver somniferum", que la adormecían con su fragancia (esta especie, semejante a la amapola con quien la confundían los guardias, que no entendían ni papa de biología, sólo la consumía en acontecimientos especiales), su espíritu volaba en busca de su amado Sreekh XIII, al que se imaginaba rodeado de pelanduscas aprovechadas allende los mares, a las que expulsaría de su lado con una sola mirada asesina o a mamporro viene, mamporro va, si se ponían chulitas; mientras, entre sus dedos sostenía un cigarrillo de cannabis. ilegal aún incluso para consumo privado, pero tolerado por las altas instancias porque, mientras se dedicaban a eso, no se acordaban de otras cosas más importantes, y que aspiraba regularmente, a lo Saritísima en el "fumando espero", de forma voluptuosa y soñadora.
(¿Os imagináis hoy a la cantante en plena faena siendo observada con meticulosidad y detenimiento, la mirada aviesa, el gesto feroz, como el de un lobo de verdad, por la Trinidad Jiménez que, a pesar de todo, la miraría extasiada por el aroma de un buen habano-¡que Cuba sigue siendo Cuba para esto, eh, aunque no para el Cuba-libre!- mientras en sus manos sujeta unos folios donde se aplica a redactar su ley antitabaco? ¿Saltarían chispas? ¿Llegarían a las manos? ¿Se atrevería Garzón a investigar un delito en ciernes? ¿Se lo permitirían las fuerzas oscuras que permanecen en la sombra y siguen vivitas y coleando? ¿Tomaría medidas extraordinarias el gobierno ante hechos tan inusuales o aprobaría un decreto-ley? ¿Estaría la oposición de acuerdo con ellas? ¿Se daría cuenta la abuela de la cantidad de preguntas sin respuesta que originaría el simple hecho de fumarse un porro?
Vamos a esperar por las respuestas, si es que las hay, porque entre la economía, el Gúrtel, Aguirre, los viajes a Cuba, el AVE del Cantábrico, el Bigotes y Correa, Bárcenas, los dineros flotantes (que recogen los de siempre), el presidente de la FADE, la presidencia de la UE, el Camps y los trajes, las escuchas que no son escuchas aunque se escuchen, el TC con gente que ya no debería estar ahí, pero sí que están, que para eso lo acordaron los dueños de la partidocracia, la Falange, las manos ¿limpias?, Garzón, las fosas, la justicia argentina, ETA, la llingua asturiana, l' Estatut, los bancos que no ganan lo que quieren, el ladrillo que no remonta, las hipotecas de cuyo nombre tampoco quiero acordarme, el paro, las cenizas del volcán, la bolsa, las pérdidas de las compañias aéreas que pagaremos todos, y qué sé yo cuánto más, pues no creo que haya respuestas a las preguntas anteriores, al menos de momento.
Así que pásenlo bien con lo que puedan encontrar agradable, que siempre hay algo, y nunca pierdan la sonrisa.

sábado, 17 de abril de 2010

FELISA (Capítulo 18 )

(De cómo surge la obra "In nome animalorum")

Puede extrañar que la nutria midiese con tanta exactitud la longitud desde las márgenes de las orillas hacia el interior y, en cambio, la dirección paralela al río, no. Pero, para quienes aún no hayan leído nada sobre este tema que podéis encontrar en las mejores bibliotecas universitarias del mundo, habéis de saber que las nutrias, desde tiempos inmemoriales, si no antes, sólo saben contar hasta quinientos trece y desconocen cualquier otro concepto matemático, a excepción del de kilómetro que consideran algo así como la distancia adecuada para recorrer antes de sentarse y descansar. Cuando llegan a quinientos trece, corren hacia un sitio u otro zigzagueando o en línea recta y calculan a ojo de buen cubero la distancia recorrida de acuerdo con las veces que se sentaron.

Este hecho fue constatado hace ya muchos años por el eminente profesor de Teología y Ecología, monje de monasterio de Mepierdoynomeencuentro, Noparoen Ninguns Itio de la Universidad Puntadelvicio de Centrolmonte que, después de profundas reflexiones y sueños celestiales en su celda, dieron origen a un libro muy leído por la ciomunidad científica internacional titulado "In nome animalorum" en el que explicaba cómo Dios le había hablado y le había dado a conocer la forma de medir las distancias que recorren los distintos animales salvajes que coexisten junto a nosotros, pero no revueltos, en su hábitat natural.
Parece ser que, según cuentan, una noche el Ser Supremo se le apareció en forma de vela y lo iluminó con su llama trémula, pero continua y fuerte. (No puedo dar fe de ello, pues no estaba presente porque había salido de cena con unos amigos con los que estaba pasando en aquel monasterio una semana, dentro de un plan financiado por el IEPVSE- Instituto Estatal Para Vacaciones de la Segunda Edad-, dedicado a la búsqueda de la paz interior, y regresé cuando el sol ya había salido; luego, me encontraba durmiendo como un Pepe- ¡qué manera de llamar a los Pepes dormilones! ¿No hay más nombres con tal cualidad?)
Al amanecer del día siguiente despertó a voces a toda la comunidad (yo no había llegado aún, ya que los monjes madrugaban la de Dios; ¡con deciros que a eso de las cinco de la mañana empezaban con sus susurros y rezos y no dejaban dormir a nadie!) y pidió rápidamente lápiz y pergaminos, mientras gritaba, a la manera de Martín Lutero u Obama muchos años después, que había tenido un sueño (pongamos los puntos sobre las íes, el sueño no fue el mismo) y Dios, el SS, el Ser Supremo, le había revelado algo de suma importancia para la Humanidad.
A lo largo de varios años se dedicó en cuerpo y alma a escribir un Códice con más de mil ciento cuatro folios y casi medio. hoy llamado Códice de Noparoen Ninguns Itio (tampoco fueron muy originales quienes así lo bautizaron) que actualmente se halla en manos de una orden supersecreta, que aún no se ha dado a conocer ni siquiera por el doctor D. Iker del Lobo y del Oso y Demás en su programa de variedades Miss Quattro Centenium, y que lo mantiene en paradero desconocido para el vulgo; pero, si nos atenemeos a sesudos ensayos escritos por personas entendidas que han publicado con la Editorial Planetarium, se encuentra en manos de brillantes científicos que se encargan de decodificar y descifrar lo que parece ser el lenguaje con el que el Ser Supremo creó a todos los animales y cosas, porque al ser humano ya sabemos que fue con arcilla y una costilla de arcilla.
Este ilustre monje, que fue nombrado Hijo Predilecto del monasterio por su aportación a la ciencia, hubiese sido merecedor del premio Nóbel de la Paz o de Las Letras, si se hubiesen inventado e instaurado estos premios en aquella época.
Y digo yo que cualquiera de ambos, porque son los que se suelen conceder por los jueces a cualquiera con cierto renombre, o echándolo a los dados, o en una noche con exceso de etílico en cualquiera de sus formas o por amiguismo, o por influencia de determinado señor de la guerra predicador de la paz, o por amiguismo o por un hoy por ti, mañana por mí. No obstante, si se hace necesario una decisión rauda sobre el galardón, porque ellos se hallen semicomatosos debido a la juerga o al empacho, entonces, para no perder más tiempo, el secretario o el botones se apresuran, con el fin de que el pabellón de los Nóbel siga bien alto, a conceder el premio a alguien con sentido, y es que a veces aciertan; por eso, últimamente, a estos cargos de confianza, próximos al magno y justo jurado, los miran con lupa para que no se les salgan ni de madre ni de padre.
Verdaderamente, otro tipo de Nóbel hubiese sido algo más difícil de justificar, pero uno de esos dos... , pues bueeeeeno, hubiese pasado más desapercibido.
Aun sin él, sus coetáneos le habían erigido una estatua en mitad del bosque, aunque casi nadie la reconocía al pasar ya que estaba casi iotalmente cubierta de cagadas de paloma, de cuervos, de golondrinas, de gorriones, de vencejos, de lechuzas... y un infinito etcétera de aves que peregrinaban allí, antes incluso del Camino de Santiago, para ofrecer su apestoso reconocimiento a tan prestigioso científico. La razón era la protesta de estas especies por no haber escrito nada, ni un renglón, sobre la distancia que recorría cada ave, de las cuales se había olvidado alegando en su prólogo que lo hacían dopadas y no eran dignas de un estudio tan sesudo como el que había realizado el Ser Supremo para las demás especies salvajes. En realidad, esta acusación gratuita se había demostrado falsa con el paso del tiempo, ya que se había constatado que el hecho de que volaran (el vuelo era una de las razones esgrimidas por tan portentoso investigador después de haber estudiado con meticulosidad un nuevo deporte, llamado ciclismo, en que también se vuela cuando quieren llegar a la meta) era debido a unas protuberancias laterales, a las que más adelante llamaron alas, que les nacían de forma absolutamente natural, sin que ello fuese causado por alteraciones de ninguna clase producidas por algún tipo de sustancia dopante.
Pero dejémonos del monje en cuestión, a pesar de que habéis de reconocer que su historia es sumamente importante para el desarrollo de los hechos principales en los que se envuelta Felisa, y volvamos a lo nuestro/vuestro/suyo, de ellos y de ellas.
Tengo que acabar el capítulo. Mañana sigo. Entretanto, disfrutad de lo que resta de sábado y no os olvidéis de echar una sonrisa.

FELISA (Capítulo 17)

(De cómo Felisa se fue al agua)
Resulta que Felisa prefería al padre. La nutria se quedó un tanto sorprendida, pero...
-Claro, que sí, prefiero estar con mi padre- aclaró la pequeña, no tan pequeña-. Él, en cuanto trabaja un poco por la mañana o a media tarde, que es cuando dedica algo de tiempo a ello, dice que total, para que lo coman los señores, que ya hizo bastante; y luego se va a la taberna. A mí me lleva con él, para que mi madre no se entere, y, como yo no pinto nada dentro del bar, me quedo afuera con mis amigos jugando y charlando hasta que tornamos para casa , donde nos espera mamá con al comida o la cena preparada.
¡Ay, pillina, te pillé! Tanto tienes, tanto vales, o lo que es lo mismo, ¿quién cambiaría tres o cuatro horas de asueto por tres o cuatro horas con los libros delante de las narices para estudiar o haciendo deberes? Nadie. Así de claro. ¡¡¡NA-DIE!!! Y si no, podéis hacer una encuesta entre todos los estudiantes del mundo y profundizar en los resultados. En esta materia no creo que me equivoque, estoy seguro al cien por cien que Felisa es una niña de lo más normal.¡Viva la media jornada laboral paterna y el chigre de la esquina! ¡Olé, mi niña! ¡No sabe ella nada, eh!
-A esta cría le viene de familia- pensaba la nutria-. Cuentan las malas y las buenas lenguas que su abuela,de pequeña y no tan de pequeña, siempre se arregló para hacer lo que más le convenía a su cuerpu estilizado y macareno, intentando no dar un palo al agua, y su nieta sigue los pasoa de su padre, digno sucesor de Shreek y de la abuela. No obstante, ésta, durante los últimos años, se ha vuelto más mala que Viriates. (Esta expresión, salida de la cabeza de la Srta. Fdez. del Río, no me fue explicada por ella, aunque bien es cierto que tampoco yo me preocupé de buscar o indagar sobre su significado; supongo que, por la manera de pensarlo y el gesto que hizo con la cara, hablaba de alguien malo, malísimo, supermalísimo.)
En el preciso momento de acabar con Viriates, la nutria divisó unos metros arriba un tronco que bajaba a gran velocidad en dirección a ellos. En seguida, acostumbrada a regatear y perseguir truchas -en otros ríos de aguas cristalinas, porque en el de la Purquiría, ya me contaçreis qué iba a haber- y anguilas, viró con cierta brusquedad para evitarlo. Pero Felisa (como cualquier cursi tontita sin un ápice de sentido común, viendo que su situación no era la mejor para ir pensando en otras cosas) iba tan tranquila, despreocupada, soñando con los pajaritos huevones y las mariposas metamorfoseadas, los mosquitos trompeteros de toda clase y las florecillas de uno o más colores, con cualquier pamplina o cosita insignificante, con una guerra nuclear o una pandemia de sarampión XYZ- la seriedad para estas personas no existe- y no tuvo tiempo ni a exclamar un ¡Socorro, socorro, ayudadme!, ni tan siquiera un ¡Auxilio, auxilio, que estoy aquí!.
Se fue al agua de cabeza con todo el equipo, menos la cesta que siguió milagrosamente balanceándose sobre el lomo de la Srta. Fdez. del Río, pero sin mojarse ni uno solo de sus mimbres.
Así fue que la nutria ni se enteró y siguió su camino, con la tranquilidad que dan esta clase de situaciones en una especie tal, aunque no sin pensar por una milésima de segundo que la niña, para alguien tan fuerte y musculosa como ella, no era más que una carga liviana a la que sería capaz de transportar sin el menor esfuerzo hasta el fin del mundo, o lo que para ella era su Finisterre particular, que quedaba unos tres quilómetros río arriba, dos y medio río abajo, quinientos dos metros más allá de la orilla que dejaran atrás y otros cuatrocientos setenta y ocho de la que estaba a punto de hollar.
Bueno, queridos y queridas, hasta aquí el 17. Pero hoy mismo, por la tarde, me pongo con el 18.
Mientras, disfrutad de este sábado primaveral y pasadlo en grande.

lunes, 12 de abril de 2010

FELISA (Capítulo 16)

(De cómo la conversación explica ciertas cosas que bien podían no haberse dicho)
Habíamos quedado en el principio de una profunda conversación entre Felisa y la Srta. Fdez. del Río. El estudias o trabajas, el depende y el de qué depende se van a ir transformando en algo más serio.
-Verás-explicó la niña-, depende de con quién esté: si estoy con mi madre, me manda estudiar con el fin de que el día de mañana sea una mujer de provecho, independiente y que no necesite de un macho dominante a mi lado que me haga la vida imposible a cambio de cierta estabilidad económica; pero, si estoy con mi padre, me manda trabajar en el huerto, limpiar las malas hierbas, ir a ordeñar las vacas, dar de comer a las gallinas, llevar el caballo hasta el abrevadero, etc., con el fin de prepararme, según él, para el futuro que me espera. - Aquí la respuesta se sale un poco de madre y de padre, porque la Felisa no aclara nada, no dice ni que sí ni que no, sino todo lo contrario. La Srta. Fdez, aun habiéndola escuchado con atención, se quedó in albis, semitraspuesta y con cara de no haber entendido ni papa. Así pues, no le quedaba más remedio que continuar con el interrogatorio. ¡Joder con la gente! ¿Por qué no será más explícita una de mano, para evitar preguntas tontas y repetitivas?
-¿Y con quién prefieres estar?- De acuerdo con las normas elementales de educación que se llevan hoy en día, la respuesta lógica caía por su peso. Pero estamos en otros tiempos y la niña es una niña; y, si bien poco a poco va creciendo en entendederas según van pasando las hojas de este relato, no sé yo muy bien hasta dónde la haré llegar. Ya veremos como se desarrolla todo.
Además, la pregunta de la nutria es totalmente lógica, ¿o vais a decirme que no? Si antes había quedado en que bueno, sí, pero es que.... verás, yo soy un poco vergonzosa y..., aún no te conozco lo suficiente como para..., no sé, es que..., bueno, anda, un día es un día, y alguno ha de ser el primero, pues entonces ahora, ante una pregunta tan directa, no le quedaría otra solución que explicar las cosas por las claras o dar la callada por respuesta, aceptando con esta última las responsabilidades que de ello se pudiesen derivar. (A mí no me preguntéis ni me digáis nada,que yo tampoco sé cuáles, es cosa de la nutria)
- De eso, no tengo duda: con mi padre. Es más guay. (Aclaración para los lectores: esta palabra, guay, por lo visto ya se empleaba entonces con un significado semejante al de nuestros días, aunque no fuese de uso muy común, porque, si no, la niña no la hubiese dicho). Ahora sí, coño, ahora contesta como debe contestar, sin circunloquios ni evasivas. Dejémonos de dependes y de chorradas. Con el padre y se acabó. Punto.
-¡Ah, sí! ¿Mejor con tu padre?- Pues no se acabó; el animalejo siguió hurgando esperando encontrar bajo la primera capa, algo más sabroso. Y es que no podía entender aquel cariño tan irracionalmente hondo que la niña podía profesar por su padre.
La Srta. Fdez del Río tal vez necesitaba ahondar en aquella clase de sentimiento llevada por una infancia sin la presencia ni la influencia paterna. No lo había conocido. Su madre le había contado en las largas noches de invierno junto al fuego que un día en que había salido a cazar solo, pues ella estaba algo mareada debido a su reciente preñez, había sido apresado mediante el uso de redes, a todas luces ilegales, por miembros de la Delegación del Castillo Supremo (ahora se entiende por qué cazan con artes ilegales, quien manda, manda... pero en los otros, que él tiene bula). Con el tiempo se había enterado de que lo habían recolocado en otro lugar muy remoto, en los dominios de unos amigos del señor de la fortaleza que necesitaban nutrias para repoblar sus ríos. Nunca más regresó. No le habría costado mucho decidirse, un abrir y cerrar de ojos: la elección entre aquellos ríos de montaña y el presente río de mierda que cruzaba en ese justo momento, no albergaba ningún tipo de dudas. ¡Qué suerte tienen algunos! Hay personas por ahí que cuentan que la emigración forzosa empezó hace cuatro días, pero ¡quiá!. Eso ya se remonta a muchos siglos antes de nosotros nacer. Hasta Sreekh, ya sabéis, que había sido uno de los amigotes del padre de la Srta. Fdez. del Río con quien había corrido una buena cantidad de juergas, se había visto obligado a emigrar a Jólivu para ganarse el sustento con el sudor de su frente. ¡¡Sí, sí!! Ya lo sé, no me lo recordéis. También emigró llevado por las circunstacias especiales de su última noche en aquellos parajes, es decir, para escapar como alma que lleva el diablo de la bruja de los dientes largos, narices largas, orejas largas, ojos grandes, cabellos largos, piernas largas, manos largas y un largo etcétera de largos y largas. Y no todos vuelven a sus orígenes, aquí también depende de la situación familiar, social o económica a la que lleguen.
Vamos a esperar unas horas para saber qué razones impulsan a Felisa a preferir la compañia de su padre, pues el capítulo llegó a su fin.
Comiencen bien la semana, disfruten del momento, que el tiempo pasa volando y no merece la pena gastarlo de mal humor.

domingo, 11 de abril de 2010

FELISA (Capítulo 15)

(De cómo se entabla una conversación durante la travesía del río)
Ya sé que el capítulo anterior lo acabé con unas parrafadas que nada tenían que ver con el contenido del cuento que estáis leyendo. Pero es que yo me enrollo, en ocasiones, como una manta en el cuerpo de un sin techo un día de invierno en el Parque de El Retiro soñando que se halla en el Polo Norte dándose una ducha justo cuando se acaba el gas del calentador, mientras ve en la tele la serie de dibujos animados "La de la nueva nariz", muy en boga últimamente y seguida por millones de personas a las que les ponen los pelos de punta siguiendo la rocambolesca y truculenta historia tejida acerca de una famoso animalicida, especialmente de astados, asediado por pérfidas amantes y que, lejos de tropezar más de dos veces en la misma piedra, busca desesperadamente a la que cree que ha de ser el gran amor de su vida, la Fema del Anapurna, de la que se había enamorado, con una pasión tal que lo estaba llevando a la locura, después de haber visto su foto un día en un periódico de provincias que hojeaba sentado en las letrinas de un club de caza en medio de la vasta llanura meseteña antes de emplearlo como solución higiénica limpiadora y desodorante. Pues eso, que uno se enrolla tanto, que las cosas acaban así. Os pido encarecidamente perdón por ello e intentaré, os lo prometo por el programa electoral de los partidos políticos que se cumplen a rajatabla, que no vuelva a suceder...al menos hasta la próxima vez. Y si ello acontece y me acuerdo, os pediré disculpas humildemente de rodillas o postrado ante vos cuan largo soy. Ahora voy a centrarme.
Estaban cruzando el río.
En seguida Felisa se hizo a la montura y disfrutó del paisaje que ofrecía la vegetación lujuriosa que bordeaba las orillas. Antes de llegar a la mitad, a pesar de la fuerza de la corriente, soltó el cesto, que se mantenía ahora únicamente sujeto por sus muslos que lo apretaban con fuerza, y usaba la mano derecha para espantar a los mosquitos, tábanos y mosconas azules que sobrevolaban su particular paraíso, aquel estercolero en que se había convertido el antaño Río de Las Nieves.
A lo largo del trayecto, la conversación entre ambos seres surgió casi de forma espontánea. Y aunque todo comenzó con una pregunta algo seria de la Srta. Fdez. del Río, luego la charla se desenvolvió de forma fluida, tan natural como si llevasen toda la vida juntas.
-¿Y tú, qué, que no te pregunté, estudias o trabajas?.- Vemos aquí reminiscencias de un pasado común con el ser humano del siglo XX y XXI. Esta expresión, tan gastada por el uso, hoy sigue vigente en muchas zonas del planeta donde creen ser de lo más originales a la hora de entablar una conversación que pueda dar pie a dar un pasito más en el acercamiento sutil entre dos personas que se toleran, esa zancadita puede originar una pequeña caminata de pasitos y pasitos que suele acabar en una carrera de maratón, tanto si la cosa urge como si no, y, por norma general, finaliza en una zona mullida y cómoda con dos seres contándose y mostrándose sus más escondidos secretos, pero sólo aquellos que deseen contarse y mostrarse, porque en el tintero siempre se guarda alguno de reserva por si más adelante...¿quién sabe? A veces se corre una sola carrera, pero los hay que se apuntan a dos o más a lo largo de su vida. Y para todas hay que teener reservas acumuladas con el fin de llegar a la meta en condiciones idóneas para disfrutar.
-¡Ah, pues depende!- Sigue la conversación con una respuesta de lo más socorrido y que puso de moda incluso años más tarde un grupo musical del siglo XXI. Como ya avisaba anteriormente, nada hay nuevo bajo el sol; todo está inventado en el arte del diálogo fácil. Es la típica respuesta de quien hace como que no, pero sí; no te doy "p'alante", pero no pares, sigue, sigue...; ¡ay, que...!, aunque quién sabe, bueno tal ve. Vale, vale, ya lo sé, una respuesta tipo sacada del Manual de Educación Social para convertirse en buenos ciudadanos, que todos conocéis.
-¿De qué depende?- Nueva pregunta lógica originada por la respuesta anterior que no sabemos si aclara algo o no. No obstante, aquí la pregunta ya es más retórica que otra cosa. A quien la hace, le importa un carajo de qué depende, lo que desea es entrar en materia y sabe que, si obtiene una respuesta apropiada, la situación se pone en marcha y se está dando el primer paso en la dirección adecuada. Cuidado luego con no cagarla, pero...
Tenéis que comprender la situación. Finalizo el capítulo, que hoy es domingo y hay que salir a dar una vuelta. Espero que seáis conscientes de la importancia del tiempo de ocio.
Un saludo para quienes lo entienden (para los otros, no) y que lo disfruten también con alegría y la sonrisa simpre presente (para todos).