En Europa quieren más. Una nueva reforma laboral aún más
dura que la que ya hay. He oído a Rajoy que no les va a hacer caso, que la que
nos ha dado ya es suficiente, pero…de momento no le creo. Más bien me espero
que vuelvan a darnos otro par de nalgadas más fuertes aún para que no podamos ni
sentarnos. Esas medidas contundentes al gusto de la UE, o lo que es lo mismo,
de Alemania y su señora Merkel, van a echar más leña al fuego de la indignación
que cada vez más asuela nuestras calles. Si entre los germanos nos tienen por
unos vagos y en Gran Berta tachan a nuestro país de insolvente, no sé qué va a
explicar nuestro Presi para darles en todos los morros y manifestarles con dureza que no son más que tópicos
y falsedades. Pero él no se atreve a dar un puñetazo sobre la mesa para
echarles en cara que lo que está sucediendo en el Sur de Europa es culpa de los
que siempre quisieron tenerlos bajo su bota, ya fuese militar o económica. Y luego
todo sigue en esos términos. Estamos volviendo, a la vista de esos pensamientos ajenos a nosotros pero permitidos por nuestros gobernantes, al país
de toros, charanga y pandereta que tanto daño nos hizo décadas atrás, al de la
gente a la puerta de sus casas sentados tomando el sol mientras dejan que las
horas muertas se sucedan hasta llegar a la noche y dormir hasta el día
siguiente para repetir lo mismo en un bucle interminable del que ahora mismo no
se atisba por donde escapar. Y aquí en España empieza a calar el tipo de economía
basado en el dinero negro. Desde el partido en el gobierno, que aún no se ha
dignado a salir a contradecir ese informe contundente de la UDEF en la que
supuestamente se les demuestra que se han financiado ilegalmente, hasta el último
trabajador que, sin un euro con el que llevarse un poco de pitanza a su casa,
se dedica a hacer chollos sin declarar el IVA con tal de meterse un trozo de
pan en la boca de su familia. Si el ejemplo para incumplir las leyes está en
quienes nos mandan, llámense políticos, entidades financieras, empresas del
IBEX, etc., que viven como dios en sus palacios de cristal, algunos ubicados en
lugares paradisíacos física y fiscalmente, qué vamos a esperar de los demás, de
los que están en el subsuelo de la pirámide económica. Y ese modelo es el que
ven en Europa y el que nuestro gobierno es incapaz de cambiar.
En resumen, todos queremos más: ellos, más paro e
indignidad social, nosotros más trabajo decente, honrado y remunerado
convenientemente; la palma de momento se la llevan ellos. Si bien dice el refrán que nunca llovió que no escampara,
por ahora el temporal arrecia de tal forma que nadie sabe qué va a quedar en
pie. Y con paciencia solamente no se puede seguir viviendo. El problema de
estos tiempos es que, como decía Paul Valery, el futuro ya no es lo que era.
Disfruten y sean felices.
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